La Pastoral Social de Montevideo finalizó el año con distintas actividades, cuyo común denominador fue la ayuda hacia los hermanos necesitados.
Desde conferencias para la concientización del cuidado del medioambiente, hasta la consolidación del proyecto de los paradores nocturnos, o actividades en torno a una obra social con la participación de vecinos, el año de la Pastoral Social nucleó distintos eventos que trascienden a su obra diaria.
Precisamente, la Pastoral Social de la Arquidiócesis cuenta con más de cien obras sociales dentro de nuestra capital, y muchas de esas prácticas involucran, además, un abordaje en red junto a otras organizaciones.
“Desde la Pastoral Social trabajamos desde dos lugares. Por un lado, el área de las parroquias, con las obras sociales que allí abarcamos, y, por otro lado, todas las obras sociales que tienen identidad católica, y que dividimos por áreas: situación de calle, migrantes, mujeres, etcétera, y vamos trabajando con cada una”, explicó María José Carrau, secretaria de la Pastoral Social de Montevideo, en el marco de la campaña Iglesia de Todos de este año.
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De acuerdo con Carrau, el cometido de la Pastoral para este período se dividió en tres grandes ejes: “El primero son todas las obras que trabajan con personas en situación de calle. Por otro lado, el segundo objetivo es el trabajo ‘con ecología’. El año pasado se hicieron dos huertas comunitarias y fueron experiencias muy lindas. El tercer desafío, un gran reto, es el de trabajar con las obras que se ocupan de los migrantes, algo en lo que ya venimos haciendo un trabajo importante juntos”.
Junto a los más necesitados
Como es habitual, en los días previos a la VI.ª Jornada Mundial de los Pobres, se volvió a realizar la IV.ª Jornada de la Pastoral Social. Se celebra anualmente alternando el lugar entre una parroquia y una obra social.
Para esta edición, la Pastoral Social optó por realizarlo en conjunto con Ceprodih, centro que se encuentra rumbo a los veinticinco años trabajando para colaborar con mujeres en situación de vulnerabilidad.

Cada Jornada de la Pastoral Social convoca a vecinos y distintas comunidades, con un fin solidario. Fuente: R. Fernández
“Ya estamos por cumplir veinticinco años trabajando en la atención y la promoción, sobre todo, de las mujeres madres, jefas de familia, embarazadas, víctimas de violencia doméstica o con desempleo, que están atravesando una situación de alto riesgo social, de máxima fragilidad, y que necesitan un apoyo inmediato para poder salir adelante”, explicó a ICMtv Adriana Abraham, directora de la organización, en el marco de la Jornada.
El encuentro incluyó actividades para fomentar prácticas solidarias y reflexivas. Las diversas propuestas funcionaron de manera simultánea y permitieron que los vecinos presentes pudiesen recibir distintos tipos de formación: desde instancias de concientización sobre la oración y la carta del papa sobre la Jornada Mundial de los Pobres, hasta la pintada de un mural o la participación de talleres de ecología, serigrafía o reciclaje de vidrio.
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La propuesta de la Pastoral Social tuvo como finalidad la invitación a realizar un examen de conciencia y preguntarse si, realmente, se le permite al Señor enriquecer nuestras vidas, sabiendo que su pobreza nos hace ricos.
El cuidado de la “casa común”
Otro aspecto destacado para la Pastoral Social fueron algunas actividades focalizadas en la importancia del cuidado de nuestro planeta.
A partir del 1 de setiembre y hasta el 4 de octubre, todos los cristianos estábamos llamados a vivir un tiempo de oración, reflexión y acción, con el objetivo de admirar y proteger el medio ambiente, a través de las enseñanzas de Laudato Si.
El denominado Tiempo de la Creación se celebra, justamente, de manera anual y es la oportunidad para comprender la importancia de apostar por la ecología integral frente a la crisis ambiental que es impulsada por la cultura del descarte. Se trata de una parte importante de nuestra fe, no de un dato accesorio.
“El Tiempo de la Creación es una celebración que permite que todas las personas reconozcamos la obra del acto creador de Dios”
Roxana Esqueff
En este año, el lema fue “Escucha la voz de la creación”, y desde la Pastoral Social, junto con Cáritas Uruguay, el Centro de Estudio y Difusión de la Doctrina Social Cristiana (Cedidosc), la pastoral ecológica de El Pinar y el Movimiento Laudato Si, elaboraron materiales para tal fin. Además, difundieron un listado con siete hábitos básicos y significativos para cuidar la casa común en los espacios cotidianos.
La Pastoral Social continúa trabajando para establecer huertas comunitarias y puntos de reciclaje. En Montevideo, por ejemplo, ya existen huertas en la parroquia de los Sagrados Corazones de Possolo, en la Capilla de la Luz y en la Fazenda de la Esperanza “Monte Carmelo”.
Ayudar al extranjero
Existen diversos grupos comprometidos con la realidad del migrante y del refugiado. Una de las obras más conocidas es la que realiza la parroquia Nuestra Señora de la Asunción, en representación de la congregación de los scalabrinianos, pero no es la única iniciativa dentro de la arquidiócesis para tal sentido.
Desde el 19 de febrero de 2020 se inauguró la residencia “Paz y Bien”, ubicada en El Fortín de Santa Rosa, dentro de la Diócesis de Canelones. Se trata de un hogar para migrantes que surge del trabajo de la Arquidiócesis de Montevideo (a través de la Pastoral Social), la Conferencia de Religiosos del Uruguay (Confru) y la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU); a través del proyecto Puentes de Solidaridad.
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En este caso, la idea también implica brindar un alojamiento transitorio, por un par de meses, como apoyo para quienes ingresan al país.
Por otra parte, también brinda ayuda el Servicio Jesuita a Migrantes, institución que el pasado 16 de junio inauguró su Casa de Acogida, que integra el proyecto habitacional de la organización. Es un espacio brindado por las Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, para dejarlo a disposición de los migrantes más necesitados.
Con el apoyo de toda la comunidad
Desde el año pasado, y a raíz de un convenio con el Ministerio de Desarrollo Social, nació el proyecto de los paradores nocturnos, en el marco de reuniones del Programa Calle del Mides. La iniciativa surgió a partir de la inquietud de parroquias y fieles que buscaban generar lugares de atención para personas en situación de calle.
Estos ciudadanos, en estado de vulnerabilidad, podrían recibir abrigo, alimentos, un lugar para su higiene personal y, en algunos sitios, incluso un lugar para dormir.
“Gracias a los paradores, muchas personas accedieron a otras prestaciones del MIDES”
María José Carrau
Desde esa iniciativa, se abrieron cuatro paradores vinculados a la Iglesia y otros dos también dentro de Montevideo, los cuales funcionan gracias a recursos bindados por el Mides para su gestión, mientras que parroquias y vecinos facilitaron las instalaciones para su uso.