Por segundo año consecutivo, el arzobispo de Montevideo presidió la misa de la Cena del Señor en la Fazenda de la Esperanza
Desde que asumió como arzobispo de Montevideo en 2014, el cardenal Daniel Sturla se aleja de la Catedral de Montevideo cada Jueves Santo por la tarde para celebrar la misa de la Cena del Señor en alguna parroquia o capilla de la periferia de la ciudad. En estos años estuvo en las comunidades de San Alberto Hurtado, Nuestra Señora de Guadalupe, Santa Magdalena Sofía Barat y San Francisco de Asís. Esta tradición se vio frenada en 2020 por la pandemia, y en 2021 la celebración se realizó en la parroquia Nuestra Señora de los Dolores bajo un estricto protocolo sanitario.
En 2022, el Card. Sturla encabezó la misa que marca el inicio del Triduo Pascual en la Fazenda de la Esperanza Monte Carmelo, ubicada en Punta de Rieles. Esta obra atiende a jóvenes con problemas de adicciones. Este Jueves Santo regresó allí para celebrar el mandamiento del amor, la institución de la Eucaristía y el don del sacerdocio junto a los residentes, sus familias, colaboradores y los chicos que recibieron el alta. A su vez, participaron los integrantes de la Fazenda de Cerro Chato, que llegaron en los últimos días a la casa de Punta de Rieles para vivir juntos la Semana Santa.
Junto al Card. Sturla celebraron también Mons. Gianfranco Gallone, Nuncio apostólico en Uruguay —que hace una semana llegó al país—, y Mons. Stephen Kelly, secretario de la Nunciatura. Además, sirvieron en el altar Ricardo Asqueta, Rogelio Pampillón y Simón Gutiérrez, seminaristas de Cristo Rey cuyo destino pastoral es la Fazenda de la Esperanza. La animación musical estuvo a cargo de un grupo de jóvenes que pertenecen a la parroquia San Juan Bautista.

Mons. Kelly, Card. Sturla y Mons. Gallone. Fuente: Romina Fernández
Al comenzar la homilía, el Card. Sturla se dirigió a los residentes de la Fazenda de la Esperanza: «La vida de cada uno de nosotros ha tenido montañas y valles; altos y bajos; momentos hermosos y momentos difíciles. (…) Por lo general en la vida hay momentos de todo tipo. Pero el cristiano va descubriendo —no es fácil— que en definitiva todo viene de Dios”.
“Del mal, Dios es capaz de sacar un bien. Esto solo Dios es capaz de hacerlo. Hasta del pecado, Dios puede sacar cosas buenas porque saca el arrepentimiento de nuestro corazón, y de parte suya el perdón y la misericordia. ¡Qué cosa más linda es saber que Dios nos perdona!”, expresó.
Más adelante, la prédica se convirtió en una catequesis. El arzobispo de Montevideo explicó el significado de las lecturas del día: “Para los cristianos, Jesús es el cordero pascual. Él fue quien se sacrificó de una vez para siempre. El Cordero de Dios, Jesucristo con su sangre derramada, perdona nuestros pecados y nos da una vida nueva, santa y pura. Nos renueva, nos lava”.
Posteriormente se refirió a la eucaristía: “Cada vez que celebramos la misa, sobre el altar se actualiza el sacrificio de la cruz. Sucedió hace 2000 años, pero hoy nuevamente Jesús hace que el pan y el vino se hagan su cuerpo y sangre”.
El pastor de la Iglesia capitalina definió el gesto del lavatorio de los pies por parte de Jesús a sus discípulos como «la manifestación del amor de Dios» y agregó: «Lo que nos hace completamente personas es amar. Amar y ser amados. Pero el amor verdadero se manifiesta en el servicio. Lo que nos hace verdaderamente plenos y felices es cuando nos quieren y cuando queremos».
Tras la prédica, doce jóvenes que están en su etapa de recuperación en la Fazenda, se sentaron en sillas de plástico. El Card. Sturla le preguntó su nombre a cada uno y después lavó uno de sus pies y lo besó. La asamblea acompañó con un canto.
El Card. @DanielSturla recrea la escena del lavatorio de los pies con los residentes de la Fazenda de la Esperanza Monte Carmelo, tal como lo hizo Jesús con sus discípulos en la Última Cena ✝️ #CenaDelSeñor #SemanaSantaUy pic.twitter.com/6V5rTur8t3
— Iglesia Católica Montevideo (@ICM_uy) April 6, 2023
La misa del Jueves Santo, que comienza en tono festivo, finaliza siempre en un clima de oración. En la Fazenda también se vivió así. Después de la comunión, hubo una breve procesión para trasladar a Jesús en la hostia hasta un salón donde se instaló el “monumento” para la Hora Santa. En el camino, todos cantaron a capela “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar, y la Virgen concebida sin pecado original”.
La capilla provisoria fue preparada por los seminaristas que sirven en la Fazenda y por los residentes. Había una vela a cada lado del sagrario y doce velas más colocadas alrededor del altar. Un crucifijo ubicado a la derecha formaba parte de la ambientación y la obra Un ángel consolando a Jesús antes de su arresto en el jardín de Getsemaní de Carl Bloch (1834-1890) se proyectó en la pantalla. Las canciones y las meditaciones ayudaron a que todos pudieran orar y acompañar a Jesús en sus últimos momentos antes de morir.

La Hora Santa, un momento para acompañar a Jesús en su agonía. Fuente: Romina Fernández