Se realizó la ceremonia de graduación de la sexta generación de la Academia de Líderes Católicos en Uruguay, en la sede de la Facultad de Teología.
«Es un honor y una alegría inmensa darles la bienvenida a esta ceremonia de graduación de la sexta generación de la Academia de Líderes Católicos de Uruguay. Hoy celebramos no solo la culminación de un ciclo de formación, sino también el inicio de una nueva etapa llena de oportunidades y desafíos para cada uno de nuestros graduados”, fueron algunas de las primeras palabras de Pablo Rodríguez, director de la vicaría pastoral de nuestra arquidiócesis, hacia los jóvenes presentes, sus familias y amigos. Previamente, el cardenal Daniel Sturla había realizado una oración para comenzar el encuentro.
Minutos después, Juan Santiago Quintero, Romy Martínez, Miette Katherina Roskopf, Karina Doncel, Micaela Devirian, Natalia Alcorta y Alejandra Fabre posaron con sus respectivos diplomas ante un cerrado aplauso. Pero, claramente, ese no es el objetivo de este curso.
El principal propósito de cada grupo de la Academia de Líderes Católicos es formar fieles comprometidos que, a partir de la experiencia cristiana, logren plasmar en sus respectivas áreas profesionales su visión de la vida desde una perspectiva católica, para lograr transformar el mundo en lo social, político y económico, siempre a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia. La Academia Latinoamericana de Líderes Católicos surgió en Chile en el año 2015 y actualmente se encuentra presente en otros cinco países del continente además de Uruguay: Brasil, Colombia, Costa Rica, Perú y México, además de España.
Anunciar más y mejor
A Micaela le recomendaron inscribirse al curso. Ella estudia Filosofía y viene de una familia católica practicante, por lo que siempre tuvo una búsqueda inquieta por nuestra religión. Desde preadolescente acompañó a catequistas de niños, y a medida que fue creciendo, empezó a guiar varios grupos de adolescentes. La vida la llevó a la Jornada Mundial de la Juventud de Panamá, lo que le permitió participar de distintas instancias de intercambio con jóvenes. En la semana previa a la Navidad está participando como coordinadora de la misión que por estos días organiza Iglesia Joven, una de sus actividades preferidas. Luego de conformar la sexta generación de la Academia de Líderes, espera continuar liderando otros espacios para anunciar la Buena Noticia.
“Estoy muy entusiasmada por continuar mi formación en instancias como el curso de la Academia, que sin duda enriquecen mi camino de fe. Este semestre fue una gran experiencia, no solo por la formación que recibí sino también por los compañeros con los que compartí cada semana y los profesores tan amables y cercanos. A lo largo del curso se nos ha concientizado sobre la importancia de la buena formación de un católico laico que lleva adelante distintos grupos o iniciativas. Hemos trabajado en torno a la noción de que la Iglesia se encuentra en medio de una serie de desafíos contemporáneos que le exigen una adaptación en la forma de transmitir sus valores. La pastoral se ha tenido que volver más participativa, sobre todo en sociedades que cada vez son más diversas y pluralistas. El proceso de formación que ofrece la Academia se enmarca en esta necesidad de revisar las formas de evangelización, y ayuda a visibilizar la necesidad de llevar el anuncio de una manera más efectiva”, desarrolla la ahora graduada.
«No solo recibimos formación teológica, sino que nos enriquecimos con testimonios de laicos»
Micaela Devirian
Un aspecto que valoró particularmente fue la aplicación de los conceptos teóricos. “En el curso no solo recibimos formación teológica, sino que nos enriquecimos con los testimonios de laicos que se desenvuelven en varios ámbitos: políticos, empresariales, deportivos, religiosos, etcétera. Con distintos insumos, el curso me ha ayudado a notar la importancia de capacitar a líderes católicos en las herramientas necesarias para llevar el mensaje evangélico de manera efectiva en un mundo que exige nuevas formas de comunicación y participación social”.
Crecer en nuestra fe
Alejandra no se había planteado cursar la Academia de Líderes Católicos hasta que recibió un aviso en el grupo de su comunidad, de la parroquia San Miguel Arcángel. En ese momento, lo primero que le llamó la atención fue el título: “El liderazgo siempre llamó mi atención, pero que fuese católico me pareció muy interesante. Tengo otras formaciones, pero buscaba más herramientas, sobre todo para poder defender mi fe en mi ámbito cotidiano en la Facultad de Derecho, que es un lugar muy ateo”, explica.
«Me gustó el foco que se le da al catecismo y a la Doctrina Social de la Iglesia»
Alejandra Fabre
Desde su perspectiva, la experiencia como alumna fue enriquecedora: “El proceso fue muy bueno, tanto desde lo teórico y académico como de los casos para aplicar el contenido y ‘bajarlo a tierra’. Me gustó el foco que se le da al catecismo y a la Doctrina Social de la Iglesia. Soy parte del Camino Neocatecumenal y quienes estamos inmersos en un carisma corremos el riesgo de perdernos la riqueza y la inmensidad de nuestra Iglesia, así que este tipo de miradas generales ayudan mucho”.
“Participar de la Academia de Líderes es también crecer en nuestra propia fe y en la comprensión de un montón de conceptos que manejamos todos los días, como la dignidad, la vocación, la solidaridad, la libertad y muchos otros más. Hay términos que, de tanto usarlos, perdemos el foco en su significado, y esta propuesta ayuda a verlo desde la mirada de Jesús y con otra claridad”, complementa.

Ser luz del mundo
“La experiencia dentro de la Academia de Líderes Católicos fue genial, muy buena. Es un lugar donde realmente pude profundizar y conocer más sobre mi fe, sobre la doctrina de la Iglesia, sobre cuestiones espirituales y sobre otros carismas. Hubo momentos de intercambio con nuestros compañeros y los profesores tenían una dinámica excelente para dar cada tema. ¡Fue una experiencia espectacular!” resume Santiago, quien aseguró que disfrutó mucho cada encuentro.
Se anotó porque un amigo lo cursó hace un par de años, y asegura que supo desde el primer momento que valió la pena: “Cada sábado tenía su riqueza, me gustó mucho el proceso. Considero que es importante la formación, porque tenemos por delante una gran responsabilidad como cristianos, que es defender la verdad, a Cristo y el Evangelio. Tenemos que estar preparados y para lograrlo debemos aprender”.
«Tenemos por delante una gran responsabilidad como cristianos, que es defender la verdad, a Cristo»
Santiago Quintero
“Este curso te abre la puerta a seguir formándote y te abre la cabeza para poder conocer otra realidad de nuestra Iglesia que uno desconoce o no está tan familiarizado. Los cristianos no podemos ser espectadores de esto, en este mundo tan destructivo hay varios discursos dañinos, y estamos llamados a ser parte del cambio. Para defender a Jesús hay que tener valentía y conocimiento, por eso la importancia de estos nuevos líderes, que luego de formarse podrán ser guía y luz para otros hermanos”, concluye.
en algunos contextos o comunidades parroquiales, puede ser muy difícil. Hay personas que sufren y este tiempo nos sirve para poder empatizar con ellos de mejor manera, para poder entenderlos y encontrar esa misericordia que Dios tiene con cada uno de nosotros, y transmitirlo con todos”, concluye.
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