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Via crucis ecuménico: unidad entre cristianos

Católicos y anglicanos compartieron la devoción y rezaron juntos
El Card. Sturla y Mons. Pollesel se turnaban para cargar la cruz. Los fieles iban detrás /C. Bellocq

En 1534 se oficializó la separación entre la Iglesia anglicana y la católica. En los últimos años estas dos ramas del cristianismo han dado pasos hacia el encuentro y Uruguay es terreno de esto mismo. Este Viernes Santo tuvo lugar en Montevideo una tradición que ya se vive desde hace cuatro años por iniciativa de Mons. Michele Pollesel, obispo de la Iglesia Anglicana del Uruguay: un via crucis ecuménico, donde católicos y anglicanos rezan y recorren juntos el camino de Jesús hacia la muerte.

Comenzó en la Catedral de la Santísima Trinidad, conocida popularmente como Templo Inglés. Además del obispo Pollesel y del Card. Daniel Sturla, había algunos sacerdotes, seminaristas y ministros anglicanos: sacerdotes hombres y mujeres, y una diaconisa.

El Card. Sturla y Mons. Pollesel en Catedral anglicana /C. Bellocq

El Card. Sturla y Mons. Pollesel en Catedral anglicana /C. Bellocq

Por más que el entorno podía llamar la atención a los católicos, no acostumbrados a ver mujeres revestidas, la situación era por demás acogedora. Impactaba estar en un templo inglés y rezar junto con anglicanos las mismas oraciones con las mismas intenciones: la Iglesia católica, los gobernantes, los que sufren, los que no conocen el Evangelio… La serie de peticiones acabó con el rezo del Padre Nuestro, la oración de los hijos de Dios.

Entonces comenzó el recorrido por las calles Treinta y Tres, Buenos Aires e Ituzaingó, entre la catedral anglicana y la católica. Al frente de la procesión iban las dos autoridades religiosas –que se turnaban para cargar con la cruz– y los demás revestidos. En cada una de las 14 paradas se leía un texto y una breve reflexión, para dar luego paso a la música mientras se caminaba.

El Card. Sturla y Mons. Pollesel en Catedral metropolitana /C. Bellocq

El Card. Sturla y Mons. Pollesel en Catedral metropolitana /C. Bellocq

El Via Crucis terminó en la catedral católica, adonde ingresaron todos. Los dos pastores, desde el presbiterio, dieron un último mensaje de unidad. El Card. Sturla comentó que la iniciativa fue del anglicano y que esta es la cuarta vez que se realiza. “Tenemos que trabajar unidos, hoy más que nunca. Esto es también un signo para la sociedad uruguaya. La unidad de la fe cristiana nos ayuda a todos y se transforma en una luz en este viernes santo”, declaró.

Por su parte, Mons. Pollesel dijo que era posible trabajar juntos en muchas cosas. “Nuestro Señor nos pidió demostrar la fe públicamente, y eso hacemos”, comentó en rueda de prensa. También se manifestó en este sentido Audrey Taylor, una de las tres mujeres ordenadas como sacerdote en la Iglesia anglicana en Uruguay. Manifestó que las dos ramas del cristianismo están muy cerca en muchas cosas.

Inmensa manifestación de amor

En la Catedral luego se desarrolló la conmemoración de la Pasión y muerte de Jesús. No fue una Misa pero sí se pudo comulgar, y el Card. Sturla se refirió a esto en su homilía. “Dios se hace alimento para que los creyentes podamos caminar como peregrinos con la fuerza que nos da el Pan de vida, Cristo Jesús”, aseguró.

La Eucaristía es manifestación del gran amor de Dios por toda la humanidad, pues salvó a todos y cargó con los pecados de las personas de todos los tiempos. Si bien el Viernes Santo es una jornada donde se mira más a la cruz y por lo tanto el dolor, también es un día para crecer en gratitud ante un amor tan grande, agregó el Arzobispo de Montevideo.

“Experimentamos la dulzura de sabernos amados como nadie ama en el mundo”, indicó luego.

El Card. Sturla en adoración de la cruz /C. Bellocq

El Card. Sturla en adoración de la cruz /C. Bellocq

Luego de la homilía, los celebrantes veneraron la cruz, que se colocó en el centro del presbiterio. Uno a uno, hicieron una reverencia y le dieron un beso. Los fieles hicieron esto mismo recién después de culminada la ceremonia y durante varios minutos. Todos los presentes –que colmaron la catedral– pasaron y se detuvieron unos momentos ante ese madero que recuerda la salvación de la humanidad. Algunos la besaron, otros se hincaron, otros posaron sus manos sobre ella. Todos, eso sí, con un cariño y una veneración que se hacían palpables.

Los fieles se acercaron a adorar la cruz /C. Bellocq

Los fieles se acercaron a adorar la cruz /C. Bellocq

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