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“Una responsabilidad alegre”

Se celebró la Misa para universitarios
Misa para universitarios / Fuente: Federico Gutiérrez

El miércoles 6 de diciembre se celebró, en la Parroquia Tierra Santa, la Misa para universitarios organizada por Iglesia Joven Montevideo. La Eucaristía fue presidida por el Cardenal Daniel Sturla, acompañado por varios sacerdotes, entre ellos el Vicario de la Juventud, el P. Sebastián Pinazzo, el párroco de Tierra Santa, P. Ricardo Ramos, el Rector de la Universidad Católica (UCU), el P. Julio Fernández, sj y el Capellán de la Universidad de Montevideo (UM), P. Xavier Masdeu.

El templo estaba colmado por jóvenes de todas las universidades que existen en nuestra capital. Luego de la Misa el Arzobispo de Montevideo mantuvo una hora de diálogo con los jóvenes en el aula magna de la UCU, el tema propuesto fue “¿Cómo trabajar desde mi profesión para el Reino de Dios?”.

En el comienzo de la homilía el Cardenal Daniel Sturla dijo que si bien “estamos terminando un año de estudio, de trabajo para algunos también, la Iglesia está comenzando el año” y explicó “porque el domingo pasado la Iglesia comenzó el año litúrgico con el tiempo de Adviento”. Subrayó que el sentido de este tiempo es “salir al encuentro de Cristo que viene”.

“Nosotros creemos efectivamente que el Señor vendrá, que el Señor vino, que el Señor viene” subrayó el Arzobispo de Montevideo. Argumentó que “esto carga nuestras vidas de esperanza. Y esta esperanza grande se traduce después en la esperanzas pequeñas que cada uno tiene, de lo que quiere y de lo que espera lograr este año, el año que viene, proyectos en el futuro, exámenes a dar, terminar la carrera. Cuantas posibilidades tenemos”.

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“La fuerza para salir adelante”

Más adelante, el prelado relató que esa tarde había estado en el Hogar Desafío, ya que la Arquidiócesis de Montevideo a partir de este año, a pedido de la autoridades del INISA, comenzó la atención pastoral a menores infractores. Adelantó, además, que se espera poder concurrir a la Colonia Berro en el futuro.

Durante la visita se hizo una oración, se leyó una página del Evangelio, se rezó el Padrenuestro y luego hubo un momento para las peticiones a Dios. El Cardenal Daniel Sturla dijo que el pedido principal era la libertad y que lo jóvenes también pidieron poder vivir en paz. Pero lo que sorprendió al prelado fue un pedido en particular “la fuerza para salir delante”, dijo.

Con respecto a la oración, el Arzobispo de Montevideo citó a santo Tomás de Aquino, que la define como “expresión del deseo que el hombre tiene de Dios”. Y agregó “Rezo porque deseo. Cuando no deseamos nada, no rezamos nada”. Continuó el razonamiento con la reflexión de un laico francés, poeta y escritor en la Primera Guerra Mundial, que decía “cuando rezan los ricos piensas, los pobres viven”. Sugirió que “a veces intelectualizamos mucho la oración y no vamos a lo concreto”. Llamó a esperar mucho del Señor y tener en esta Navidad “el deseo grande de ir a su encuentro”.

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“¿Cómo responder a los talentos que el Señor me ha dado?”

Continuando la homilía, el Cardenal Daniel Sturla se centró en el Evangelio de ese día, “Jesús cura, sana” afirmó. Mencionó que “había un asombro porque efectivamente Jesús sanaba. Hoy también Jesús sana”. Profundizó estas palabras diciendo que “actúa también sanando el corazón humano. Jesús sana toda la lepra, pero sobre todo sana la lepra del alma, esa que está hecha de egoísmo, de falta de sentido de la vida, que nos va consumiendo, que nos desarma, nos deshace la vida. Jesús es capaz de sanar y curar”.

Centrado en el signo de la multiplicación de los panes, el prelado afirmó que “es a partir de la generosidad que Jesús es capaz de repartir, compartir y multiplicar. El pan que se comparte es un pan que se multiplica”. Explicó que “sabemos que esta multiplicación de los panes siempre tiene una referencia en la comunidad que escuchaba, como en nosotros también, al pan de vida, al pan de la Eucaristía”.

El Arzobispo de Montevideo dijo “que estamos llamados a poner los panes y los peces para que Jesús pueda hacer ese milagro de la vida”. Mencionó que “muchos de ustedes, posiblemente, estén ya comprometidos en alguna actividad de la Iglesia, o salen a dar de comer de noche, o preparan la olla, o están en algún oratorio con chicos”. Y también dijo que “quizás algunos no, o no han sentido el llamado”. Pero afirmó “lo que no podemos hacer es guardarnos los panes y los peces, no podemos decir <<los talentos son para mí, lo que tengo es sólo mío>>. Porque ahí se nos enferma el alma, nos viene esa lepra que nos destruye y al final nos hace los chicos y las chicas más desgraciados del mundo”.

El Cardenal Daniel Sturla advirtió que “el hecho de haber podido estudiar, de estar en la universidad, las posibilidades que se nos presentan, nos crean no una culpa, la culpa sólo sirve cuando nos vamos a confesar, sino una responsabilidad alegre”. Y llamó a los jóvenes a preguntarse “cómo puedo responder con gratitud a la gracias, a los dones, a los talentos que el Señor me ha dado”.

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“Ser una obra maravillosa de Dios”

Siguiendo con la alocución, el prelado recordó que “estamos en la novena de la Inmaculada, una de las fiestas grandes de María, nos hace percibir hasta donde llegan las maravillas de Dios”. Llamó a observar las maravillas que el hombre a construido y luego pensar “en esa obra maestra de la gracia de Dios, que con la respuesta libre de la Virgen, el Señor pudo realizar en el corazón inmaculado de María”.

Dijo que “con María siempre habrá una distancia entre nosotros y ella, precisamente porque fue concebida sin el pecado original y por lo tanto sin las consecuencias de ese pecado, y porque respondía siempre que sí al buen Dios, sin embargo es una de nosotros, es una criatura humana”. Y que también nosotros estamos llamados “a ser una obra maravillosa de Dios, con nuestra decisión libre” añadió.

Para finalizar, llamó a los jóvenes a rezar “Señor, danos la gracia para ser una obra maravillosa poniéndonos en tus manos y poder así estar más unidos a Cristo, para poder trabajar en la extensión de tu Reino, Reino que trasforma los corazones y que llena de luz nuestra vida y la de los demás. Amén”.

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