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Sor Querubina: religiosa y abogada

"Dios te habla en lo cotidiano"

Rosa Ketchedjian, más conocida como Sor Querubina, es una religiosa de la congregación de las Hermanas Capuchinas de la Madre Rubatto. Es maestra, profesora de astronomía y abogada penal. Su vida tiene mil y una historias, pero ella dice que “nada extraordinario”, que lo importante es vivir lo cotidiano escuchando lo que Dios tiene para nosotros. ICM tuvo la oportunidad de hacerle una pequeña entrevista como adelanto de su participación en el programa Ser Feliz de ICMtv.

¿Cómo surge su vocación religiosa?

El llamado consiste en que Él, de alguna forma, se hace presente dándote esa felicidad, esa alegría. A veces es una palabrita que te dicen, un gesto que tienen contigo, una sonrisa. Ahora, esto tiene una base importante que es el hogar. Para mí el hogar es un porcentaje fundamental de las vocación. En mi hogar éramos 8 hermanos, cinco de ellos nos convertimos en religiosos: dos salesianos y tres capuchinas. Pero hay que ver, que papá y mamá todos los domingos iban con nosotros a Misa.

Cuando en aquella época habían bendiciones y rosario de tarde mamá nos llevaba. Y también rezábamos el Rosario en casa. Antes de dormir a rezar, antes de comer a rezar, siempre una palabrita de Dios, siempre buscar a Dios en las cosas cotidianas. Eso te va haciendo al amor de Dios. Esa madre y ese padre presentes en los detalles. La vocación se va creando de esa manera. Yo tenía 11 años cuando entré al aspirantado. A esa edad, ¿qué sabía yo de la vida? En mi vida jamás fui a un baile. La vocación es un regalo que Dios nos hace. Él nos elige y nosotros le vamos diciendo sí a medida que van pasando las cosas. Pero no hay nada extraordinario en mi vida, todo lo más normal.

La familia, el colegio, la hermana que cuando me tocaba barrer la clase en el colegio me traía un caramelo, una estampita. En fin, los detalles. Yo veía a las hermanas siempre contentas y felices. Y, sobre todo, estaban con nosotros. Yo creo que si nos vieran a nosotros felices, con alegría, florecerían vocaciones por todos lados. Después Dios va regalando gracias, Dios nos enamora. Cuando uno es ya mayor va contemplando la obra de Dios en la vida.

¿Por qué Capuchina de la Madre Rubatto?

Sencillamente porque fui al colegio de las Hermanas Capuchinas. Las conocí a ellas. Sin embargo, hubo un momento que, terminado cuarto año de liceo, me obligaron a cursar magisterio antes de vestir el hábito. A los veinte años termino magisterio, ya soy maestra, cuando voy a ingresar digo: “Mire, si no puedo ingresar no me importa. Iré a otra comunidad. Yo quiero ser esposa de Cristo.” Creo que soy capuchina porque fue la comunidad que conocí en ese momento, las vi con esa simplicidad y me gustaron. Me gustó también que eran maestras, profesoras, hospitalarias, visitaban a familias. Lo de antes, el testimonio fue fundamental. Dios contagia. Capaz que si conocía antes a las salesianas me hacía salesiana, jajaja.

Estudió magisterio y derecho en instituciones públicas, ¿cómo vivía la experiencia de fe durante los cursos?

Cuando estudiaba la carrera de magisterio, en el Instituto Normal, iba vestida de aspirante con un vestido negro, en ese momento tenía 15 años. Ahí siempre se daban algunas discusiones por el tema fe, gente que no entendía. Sin embargo, durante la carrera de abogacía en la Universidad de la República, nunca tuve ningún conflicto, al contrario; me decían “a ver hermana, ¿usted qué opina de esto?”. Las veces que ha salido el tema religioso lo hemos debatido en clase, sin problemas. Hemos compartido asados con profesores y alumnos. La gente está ávida, quiere saber de Dios. Y cuándo alguien pregunta algo que uno no sabe, yo no estoy especializada en teología, se lee o se pregunta a alguien que sepa. Si uno no sabe lo averigua.

¿Qué es para usted la educación católica?

La educación católica, la educación cristiana, es la educación humana, el hombre en su integridad. Que el hombre encuentre en los valores humanos un plus, que es que Dios está con nosotros. El amor al prójimo, las bienaventuranzas, el mandamiento nuevo, que la muchachada encuentre y sepa que es la solidaridad, que sepa lo que es el compañerismo, que sepa lo que es ayudar al necesitado, no ser indiferente. Eso es la educación católica. Nuestra educación tiene que ser esa: sentir el compañerismo. Cuando uno era joven e iba a estudiar lo hacía por la nota, cuando pasan los años uno se da cuenta que eso no es lo importante. Lo que importa es enseñar lo que es el amor con mayúscula; que el Señor nos ama. No es algo del otro, no tiene que venir nadie de afuera con un milagro. Es en lo cotidiano.

¿Por qué estudiar Derecho Penal a los 64 años?

Estaba ayudando a mi sobrino para los exámenes de derecho, le enseñaba a estudiar, hacíamos los resúmenes y empecé a dar los exámenes yo también. Después de unas cuantas odiseas que pasamos, me recibí hace unos 15 años de abogada, especializada en Derecho Penal. Sigo ejerciendo cuando puedo. Yo ya la inclinación hacia lo penal la tenía estando en Maldonado, porque durante la obra realizada allí tuve la oportunidad de conocer autoridades policiales y carcelarias. Entonces trabajábamos con ellos y empecé a familiarizarme con la realidad de las personas presas, y con el tema del Derecho. Mi función es hablar con jueces y fiscales, pero en realidad hago lo que venga para atenuar penas, para pedir libertades, para poder conseguir condicionales. Es todo cosa de Jesús, Él me va llevando, me muestra lo que quiere de mí en cada momento. Cuando alguien necesita que lo ayude me pongo a disposición. No es que haya una especial, es estar dispuesto.

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