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¿Cómo se sostienen económicamente las parroquias?

El día a día de un párroco de Montevideo
Sacerdotes durante su Jubileo / Fuente: C. Bellocq

El día empieza con el rezo de laudes. La agenda del día incluirá la celebración de la Misa, la visita a familias de la zona, algunas de las cuales reciben una canasta de alimentos, y la catequesis a niños que tomarán su primera comunión. Hasta aquí lo habitual de cualquier sacerdote, en cualquier lugar.

Pero para un sacerdote de la Arquidiócesis de Montevideo, la rutina muchas veces incluye otros momentos, otras labores y otras dificultades. No se trata únicamente de velar por la salud espiritual de la comunidad, de acompañar a una familia que está pasando por momento difíciles, festejar el cumpleaños de un joven de la comunidad, bautizar a un bebé o casar a una pareja de novios.

En más de un caso, los curas tienen que trabajar en un colegio para pagar la luz, el agua o el teléfono, hacer de maestro de obra para que la humedad no destruya una pared o transformarse en asistente social para encontrarle solución al problema de una familia.

“Una Iglesia pobre y libre”

Las parroquias se sustentan básicamente por el aporte de sus feligreses; pero esto no es parejo en toda la ciudad. Al igual que la distribución del ingreso, la situación de cada comunidad es muy diferente. En esto incide, asimismo, la cantidad de personas que participan y colaboran. Como dice el Cardenal Daniel Sturla, la nuestra es “una Iglesia pobre y libre”.

“Aquí la parroquia tiene tres entradas principales de dinero, que cubren lo justo y necesario para subsistir. Por un lado, las colectas que se hacen en las misas. Luego, en el caso de la luz, un donante se hace cargo de una parte. Y la otra parte se sustenta con una venta económica que se hace una vez al mes”, cuenta el párroco de un barrio alejado apenas 15 minutos del centro de la capital.

En esta comunidad “también se reciben donaciones para la olla de los sábados”, que es uno de los servicios que presta la parroquia. El sacerdote explica que, además, “se invierte dinero de la parroquia en esa olla, porque con las donaciones no alcanza”.

El párroco comenta que tomó la opción de estar “todo el tiempo en la parroquia, atendiendo el teléfono, a las personas que llegan y saliendo a visitar el barrio, a ver sus necesidades”, y no trabajar en otro lugares. Esto obviamente hace mermar los ingresos.

Iglesia de todos

Son 47 los párrocos que en Montevideo reciben un subsidio mensual de $5.000, que es posible gracias al programa Iglesia de Todos. Este subsidio ha ido en aumento del 2014 a la fecha; ese año era de $1.500, en 2015 era de $3.000 y desde 2016 es de $5.000.

Más allá de este aumento, se debe tener en cuenta que la canasta básica total del Instituto Nacional de Estadística (INE) es de $12.354,89 al mes de julio de 2017, sobre la línea de pobreza y para un hogar unipersonal. Además el ingreso per cápita, para Montevideo a mayo de este año, es de $ 23.965 según el INE.

“Mis gastos personales salen del subsidio, que es una manera de ayudar a la parroquia. A veces es de allí que también sale para los gastos del templo” asegura el sacerdote. Sin dudas, esta es una realidad que viven muchos párrocos, y que en iniciativas como Iglesia de Todos encuentran alguna solución. Allí reside la importancia de colaborar con esta campaña de la Iglesia de Montevideo.

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