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Religiosas sub 35

Un informe de Entre Todos sobre las vocaciones religiosas en Uruguay
Hijas de María Auxiliadora, salesianas. / Agustín González

Publicado en Entre Todos N° 430

"Me costó mucho decirle que sí, pues sentía que era dejar toda mi vida atrás, sentía que de una forma u otra todo lo que en algún momento había pensado iba cambiando y se iba transformando con los planes que Dios tenía para mi vida. Con el paso del tiempo, comencé a comprender que este plan de Dios me hacía feliz, que verdaderamente me hacía plena. Traté de poner medios, hice una experiencia viviendo con las hermanas, seguí rezando y buscando la voluntad de Dios cada día en mi vida y un día me animé… le dije que sí. Le dije que quería entregarle toda mi vida y seguirlo". Este es el testimonio de Sofía Azzola (21) que está realizando su segundo año del postulantado en la congregación Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. El postulantado es el tercer paso que realiza una joven que opta por comenzar su preparación hacia una vida de religiosa.

Resurgir de la vocación religiosa

Según datos de la Conferencia de Religiosas y Religiosos del Uruguay (CONFRU), en Montevideo hay 63 congregaciones femeninas con 406 religiosas. En el caso de los masculinos, hay 42 comunidades y 209 religiosos. La Hna. Laura Guisado es salesiana, Madre Superiora de la comunidad Hijas de María Auxiliadora y presidenta de la CONFRU.

Confiesa que "actualmente la pregunta por la vida religiosa ha vuelto a surgir con fuerza, creo que hay una mayor sensibilidad a hacerse este planteo y, por supuesto, nos abre caminos de esperanza de un aumento vocacional en Uruguay". Esto se lo atribuye, en parte, al trabajo que está haciendo el Papa Francisco con su invitación a salir al encuentro con los demás. "Mi vocación más profunda es junto a los más pobres, a los que más necesitan, pero no para llegar como una especie de heroína, sino para caminar junto con ellos. Pero es Dios quien, a su tiempo, va presentando quiénes son esas personas o de qué forma voy a ir caminando con ellos", afirma Cecilia Gayo (30) que está en la etapa del juniorado en la congregación Hijas de María Auxiliadora.

La Hna. Guisado explica que cada congregación estipula de forma diversa sus tiempos de preparación hacia la vida de consagrados de forma distinta, pero las etapas son muy similares: discernimiento, aspirantado, postulantado, noviciado y juniorado.

"Hay en la juventud de hoy una sensibilidad que lleva al servicio, por eso las ollas, las misiones y las experiencias de voluntariado son expresión de ese deseo de entrega, de hacer algo por los demás y sin duda que eso lleva a plantearse un deseo de entregar la vida por los más pobres", dice la Madre Superiora de las salesianas. Y añade: "Un aspecto que destaco interesante de la vida religiosa en Uruguay es que está en medio del pueblo, en medio de la gente, en los lugares más variados como la educación formal y la informal, en los barrios, los asentamientos, las parroquias, las zonas rurales, con los inmigrantes, con los enfermos, con los presos... Se busca estar donde se necesita, queriendo ser respuesta y compañía a todas esas realidades".

Servicio, misión y vocación

Las experiencias de servicio, de misión, de dejarse tocar por la realidad que se está viviendo, son espacios en los que las jóvenes descubren su vocación. Las pobrezas de hoy — sean físicas, morales o de falta de sentido — interpelan. "Lo que más motiva a las jóvenes que comienzan su formación de vida religiosa es el trabajo entre los más pobres. La joven que entra busca ser un signo profético entre los más pobres", comenta la Hna. Guisado. Belén González (20), que está en la etapa de postulantado en la congregación Religiosas de María Inmaculada, cuenta: "El estilo de apostolado que más me motiva es la misión y ayudar a los jóvenes que se encuentran situación de vulnerabilidad".

Sofía Azzola (segunda desde la izquierda) con otras religiosas y una formadora de las Esclavas del Sagrado Corazón. /C. Bellocq

Sofía Azzola (segunda desde la izquierda) con otras religiosas y una formadora de las Esclavas del Sagrado Corazón. /C. Bellocq

"Creo que mi vocación más profunda es junto a los pobres y también en la educación. Me siento muy contenta con mi elección, pues poco a poco voy confirmando mi elección de vida", añade Sofía Azzola (21), de Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. "Lo que más me gusta es trabajar con los jóvenes creando un ambiente de casa donde podamos transmitir confianza y familiaridad. Estar ahí para ellos, dejarlos hablar, prestando el oído y regalándoles la cercanía y el amor necesario para que puedan creer en nosotras", afirma por su parte Vanessa Dávila (35), que está en la etapa del juniorado en la congregación Hijas de María Auxiliadora.

"Distintos indicadores, como el aumento de chicos y grupos que salen a repartir la olla solidaria por las noches, reflejan que la juventud se da cuenta de que sus vidas tienen un sentido. En la medida en que se profundiza la dimensión de fe, la ayuda no queda solo en un asistencialismo, sino en un compromiso mayor: jugarse la vida por acompañar al otro en respuesta a Jesús", señala la presienta de la CONFRU.

Dar el sí

Tomar la decisión de llevar una vida de religiosa consagrada no es una decisión que lleva poco tiempo. Es un proceso de autoconocimiento y búsqueda de respuestas a interrogantes existenciales, según comentan las jóvenes. "A los 18 años comencé a hacer un voluntariado con mi mejor amiga en una obra de los salesianos en la ciudad de Rivera, ahí comenzó todo. Empecé a ir tres veces a la semana por las tardes. Ahí compartía con los niños del barrio, teníamos apoyo escolar, catequesis, rato de patio y recreación. Pasó un tiempito y esos tres días pasaron a ser toda la semana y no por un año como son los voluntariados, sino por cinco años. Trabajando en el barrio y compartiendo mucho con los niños y sus familias pude crecer mucho como persona y en mi vida de fe. Cada día estaba más convencida de que quería seguir compartiendo y trabajando ahí, en ese barrio y con esa gente que me hablaba de Jesús todo el tiempo", relata Vanessa Dávila (35).

Ma. Clara De Luca (29) es novicia de las Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia. Ella cuenta que su decisión por dar el sí y optar por un camino de vida consagrada "fue después de mucho tiempo de discernimiento, y de confirmaciones de parte de Dios con signos sencillos y acontecimientos que me iban pidiendo respuestas concretas".

También Sofía Vinet, de 21 años y actualmente en el postulantado de la congregación Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, tuvo un proceso largo. "Desde los 13 años participé en actividades solidarias que proponía la pastoral del colegio, de ahí fui encontrándome con una nueva imagen de Dios, desde el servicio, eso me fue llamando cada vez más la atención y encontrándome con Jesús desde ese lugar hasta sentir la necesidad de algo más. Y me decidí. Por parte de mis papás su expresión fue que no es lo que deseaban para mí, pero que si era feliz, me apoyaban. A medida que fui dando pasos, y veían lo contenta que estaba y como lo iba viviendo, los llevó a acompañarme más".

Puertas adentro

Las jóvenes concuerdan en que vivir en comunidad religiosa es como vivir en una familia. "Acordamos algunos horarios en común para encontrarnos para rezar, comer... nos dividimos para realizar las tareas de la casa, según los horarios de las actividades de cada una. Nos ayudamos entre todas en las cosas cotidianas", explica Cecilia Gayo (30).

"Compartimos momentos de risa, dolor, enojos como en cualquier familia", admite Belén González (20). Sofía Azzola (21) opina que "vivir en comunidad es muy diferente a lo que muchas personas piensan. En la comunidad en la que vivo somos nueve hermanas y compartimos mucho, aunque cada una tiene ocupaciones diferentes". La Hermana Superiora de las salesianas confiesa, aunque ella lleva muchos años de vida de consagrada, que aún le "llama la atención que una persona deje todo y embarque toda su vida para vivir exclusivamente entregada a Dios y a los demás... eso lo compartimos todas las congregaciones de una u otra manera".

Vida religiosa en Montevideo

Comunidades: 63 femeninas y 42 masculinas

Religiosos: 406 mujeres y 209 hombres

Pasos hacia la vida religiosa

Discernimiento: consiste en participar de retiros y misiones llevados a cabo por la pastoral vocacional, donde también se motiva a iniciar un acompañamiento.

Aspirantado: las jóvenes viven en comunidad, en casas de formación. En el caso de las salesianas, mantienen sus estudios de nivel secundario o universitario

Postulantado: se profundiza en los estudios propios de la experiencia de vida religiosa. Las salesianas, por ejemplo, dejan los estudios académicos.

Noviciado: se profundiza en la espiritualidad, los los votos y el estudio. Culmina con la primera profesión religiosa. En las salesianas este período es de dos años.

Juniorado: Es el período entre la primera profesión religiosa —que dura entre seis y nueve años con votos temporales— y la profesión perpetua de los votos

Profesión perpetua: se hacen los votos perpetuos de pobreza, castidad y obediencia.

Commentario(1)

  1. Roquelina Curbelo says

    me gusta este mensaje-GRACIAS por compartirlo LAS NOVICIAS-“–la VIDA RELIGIOSA es la vida Consagrada a DIOS y a LA IGLESIA FUNDADA POR JESUCRISTO- O SUS SEGUIDORES CON CARISMAS DISTINTOS-SEGUN LAS NECESIDADES DE SU TIEMPO,Y EVANGELIZANDO SIEMPRE—OREMOS TOD@S QUE LA COPA CON NUESTRAS ORACIONES LAS RECIBE DIOS-LA VIRGEN “”LAS PRESENTA-“-ESTÁN EN BUENAS MANOS-SIGAMOS ORANDO SIN CANSARNOS—-

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