No comments yet

¿Por qué bautizar a los niños?¿No sería una imposición?

Flickr.com/daniel

La fe nunca se impone. Simplemente se le dan al niño las “herramientas” para que comprenda la fe y viva según la ley de Cristo. Si el niño que crece no quiere hacerlo, siempre será libre de rechazar la fe de sus padres. Pero la base sobre la que piensan los padres cristianos es que deben darle al hijo la oportunidad de pertenecer a la Iglesia y hacerse partícipes de los dones que administra.

Bautizar a un niño es hacerle un regalo inmenso, desearle lo mejor, que es la vida en Cristo. Este es un regalo que en su futuro podrá aprovechar o lo podrá abandonar, pero que siempre tendrá a mano para acercarse a la Iglesia y por medio de ella a Jesús.

“La pura gratuidad de la gracia de la salvación se manifiesta particularmente en el bautismo de niños”, afirma el Catecismo. Los padres -que son parte de la Iglesia- tienen la oportunidad de darle a sus hijos la chance de ir creciendo en la fe desde pequeños.

Si mi hijo recién nacido nace con una enfermedad, ¿le niego la medicina argumentando que no es consciente de estar recibiéndola? ¿Diría que sería mejor esperar a que tenga suficiente uso de razón? Y si, por otro lado, alguien le regala algo hermoso o le quiere dar su herencia a mi hijo ¿me niego a que la reciba porque aún no es mayor? ¿No sería lo más sensato y justo que lo reciba y que, tiempo después, si él no está de acuerdo, lo rechace? Querer regalarle algo a alguien amado, ¿es una imposición? El pertenecer a Cristo marca nuestra naturaleza.

Después de ser bautizados ha habido un cambio sustancial en nuestras vidas. Somos “otros”, si puede hablarse así. Pertenecer al Pueblo de Dios, a la Iglesia de Jesucristo, nos hace distintos de las personas que no lo son. Ser hijo de Dios no es un dato cualquiera añadido sin consecuencias. Ser hijo de Dios por el Bautismo es un don inmenso y es una responsabilidad que asumen los padres, y que luego delegarán a su hijo.

¿Qué sucede con los niños que mueren sin haber sido bautizados?

Un niño recién nacido tiene pecado, pues todos hemos heredado el pecado de Adán. Sin embargo, los niños que mueren sin ser bautizados son confiados a la misericordia de Dios, “que quiere que todos los hombres se salven” (1Tim 2, 4) y a la ternura de Jesús con los niños, que le hizo decir: “Dejen que los niños se acerquen a mí, y no se lo impidan” (Mc 10, 14). Esto nos permite confiar en que hay un camino de salvación para los niños que mueren sin el Bautismo. Pero si podemos tener la seguridad de salvar a un niño y no sólo eso, sino hacerlo partícipe de la vida misma de Cristo, no tiene sentido esperar y privarlo de todo eso.

Basado en Aciprensa

Los comentarios no están habilitados.