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Pentecostés, la venida del Espíritu Santo

Se celebra este domingo, 50 días después de la Resurrección de Jesús
El Espíritu Santo y sus dones, en un baldaquino de la iglesia de Pusy House, Oxford /Flickr/LawrenceOP

Este domingo se vive el día de Pentecostés, 50 días después de la Resurrección de Jesús el domingo de Pascua. Se trata de una fiesta que vivían antiguamente los judíos y a la que se dio un nuevo significado con la venida del Espíritu Santo.

Los judíos comenzaron a recordar la Pascua como recuerdo del día en que Dios hizo una alianza con ellos por medio de Moisés, cuando este subió al Monte Sinaí y recibió las tablas con los mandamientos. Cincuenta días después volvían a celebrar, esta vez para agradecer por las cosechas. Ya en tiempos de Jesús esta fecha se recordaba con una peregrinación masiva al Templo de Jerusalén.

Pero con la resurrección de Cristo estas fiestas adquirieron un nuevo sentido para sus seguidores. En la Última Cena, Jesús prometió a los apóstoles que enviaría al “espíritu de Verdad”, que estará siempre con los hombres. “Les he dicho estas cosas mientras estoy con ustedes; pero el Abogado, El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, ése les enseñará todo y traerá a la memoria todo lo que yo les he dicho” (San Juan 14, 25-26), prometió.

Cristo ascendió a los cielos 40 días después de resucitado. Y 10 días más tarde, en coincidencia con la antigua fiesta de Pentecostés, envió al Espíritu Santo.

De acuerdo con el relato de los Hechos de los Apóstoles, los discípulos estaban reunidos cuando se escuchó un viento impetuoso y pequeñas lenguas de fuego se posaron sobre cada uno de ellos. Quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas desconocidas. Por esas fechas Jerusalén recibía a muchos extranjeros y los apóstoles comenzaron a predicarles. Cada uno escuchaba en su propio idioma, por obra del Espíritu Santo.

La venida del Espíritu Santo, retablo en madera en la iglesia de los dominicos de Springfield /Flickr/LawrenceOP

Desde ese día los discípulos no tuvieron más miedo y salieron a predicar la vida y enseñanzas de Jesús. Comenzaron a bautizar a todos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Ese día surgió la Iglesia católica como tal.

El Espíritu Santo es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Es el amor grande y perfecto del Padre, que engendra al Hijo. Es el santificador, el que da la gracia para poder vivir como cristianos. Se recibe en el Bautismo y, de modo pleno, en la Confirmación.

Nuestra esperanza

En su catequesis de esta semana, el Papa Francisco se refirió a la fiesta del domingo y describió al Espíritu Santo como “el viento que nos impulsa adelante, que nos mantiene en camino, nos hace sentir peregrinos y forasteros, y no nos permite recostarnos y convertirnos en un pueblo ‘sedentario’”.

Se detuvo en el hecho de que Dios es no solo objeto de la esperanza de los hombres, sino también quien da la felicidad. “Es la alegría de esperar y no esperar de tener la alegría”. Además, el Espíritu Santo es quien puede hacer a las personas sembradoras de esperanza, convertirlas en otros “paráclitos”, es decir, consoladores y defensores de los hermanos.

“Que esta próxima fiesta de Pentecostés nos encuentre concordes en la oración, con María, la Madre de Jesús y nuestra. Y el don del Espíritu Santo nos haga sobreabundar en la esperanza. Les diré más: nos haga derrochar esperanza con todos aquellos que son los más necesitados, los más descartados y por todos aquellos que tienen necesidad”, culminó el Papa.

Catequesis del Papa Francisco sobre Pentecostés, 31 de mayo de 2017

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