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Nos preparamos para el Año de la Misericordia

El Papa Francisco ha anunciado la celebración de un Jubileo de la Misericordia, un Año Santo extraordinario

¿Cuándo comienza y cuándo termina?

Se inicia en 2015 con la apertura de la Puerta Santa en la Basílica Vaticana durante la solemnidad de la Inmaculada Concepción (8 de diciembre) y concluye el 20 de noviembre de 2016 en la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo. En el resto de las diócesis del mundo el Año Santo comienza el Domingo 13 de diciembre y culmina el Domingo 13 de noviembre de 2016.

¿Qué es un Año Santo?

Consiste en un año especial de gracia y perdón de Dios. Tiene su origen en el año jubilar que los hebreos celebraban cada 50 años, y durante  el cual se debía restituir la igualdad a todos los hijos de Israel, ofreciendo nuevas posibilidades a las familias que habían perdido sus propiedades e incluso la libertad personal. La Iglesia Católica retomó la tradición del Año Santo con el Papa Bonifacio VIII, en el año 1300. Desde el año 1475, el jubileo ordinario comenzó a espaciarse cada 25 años. Un jubileo extraordinario, en  cambio,  se  proclama  con  ocasión  de  un acontecimiento de particular importancia; como en este caso el proclamado por el Papa Francisco para subrayar la misericordia  de Dios. Los jubileos son siempre una oportunidad para profundizar la fe y vivir con un compromiso renovado el testimonio cristiano.

¿Por qué convoca el Papa Francisco a un Año Santo extraordinario?

Con el Jubileo de la Misericordia, el Papa Francisco quiere poner en el centro de la atención al Dios misericordioso que invita a todos a volver hacia Él.

¿Qué importancia adquiere la misericordia para el Papa Francisco?

La misericordia es un tema muy sentido por el Papa, quien ya como obispo había escogido como lema propio:lo miró con misericordia  y lo eligió. En el primer ángelus después de su elección, el Santo Padre afirmó que: “Al escuchar misericordia, esta palabra cambia todo. Es lo mejor que podemos escuchar: cambia el mundo. Un poco de misericordia hace al mundo menos frío y más justo. Necesitamos comprender bien esta misericordia de Dios, este Padre misericordioso que tiene tanta paciencia”

¿Qué importancia tiene la Puerta Santa de la Misericordia?

De todos los signos en torno al Año Santo, el central  y que reviste mayor importancia es la Puerta Santa. El ingreso a la catedral se da a través de la puerta principal que, como eminente símbolo cristológico (cf. Jn 10, 7.9), constituye la Puerta de la Misericordia, recuerdo constante del carácter de este Jubileo extraordinario. Con las palabras del Salmo 118, el Obispo invoca la apertura de la Puerta que remite a la puerta del corazón misericordioso de Dios, rasgado en el costado abierto de Cristo en la cruz (cf. Jn 19, 34). Él es, en efecto, la puerta que conduce  a la salvación.

¿Cuál es el rol de la peregrinación?

La peregrinación es un signo peculiar en el Año Santo, porque es imagen del camino que cada persona realiza en su existencia. La vida es una peregrinación y el ser humano es un peregrino que recorre su camino hasta alcanzar la meta anhelada. También para llegar a la Puerta Santa cada uno deberá realizar, de acuerdo con las propias fuerzas, una peregrinación. Esto será un signo del hecho que también la misericordia es una meta por alcanzar y que requiere compromiso  y sacrificio. La peregrinación, entonces, sea estímulo para la conversión: atravesando la Puerta Santa nos dejaremos abrazar por la misericordia de Dios y nos comprometeremos a ser misericordiosos con los demás como el Padre lo es con nosotros.

¿Y la celebración de la Eucaristía?

La celebración de la Eucaristía es el centro de toda la vida cristiana para la Iglesia. Precisamente por esto, ella constituye el vértice de la celebración de apertura del Jubileo y de todas las peregrinaciones que se realicen en este Año Santo. En ella, el Padre en su misericordia viene al encuentro de todos aquellos que buscan a Dios con corazón sincero, ofrece continuamente a los hombres su alianza y nos hace pregustar  la felicidad eterna de su Reino, donde con todas las creaturas, liberadas de la corrupción del pecado y de la muerte, cantaremos su gloria.

¿Y la celebración de la Reconciliación?

El Papa invita a “celebrar el sacramento de la Reconciliación para los fieles, para que el tiempo de gracia donado en el Año jubilar permita a tantos hijos alejados encontrar el camino de regreso hacia la casa paterna.”

¿Qué es la indulgencia?

Lo explica así el Papa Francisco: “En el sacramento de la Reconciliación Dios perdona los pecados, que realmente quedan cancelados;  y sin embargo, la huella negativa que los pecados dejan en  nuestros comportamientos y  en  nuestros pensamientos permanece. La misericordia de Dios es incluso más fuerte que esto. Ella se transforma en indulgencia del Padre que a través de la Esposa de Cristo alcanza al pecador perdonado y lo libera de todo residuo,  consecuencia del pecado, habilitándolo a obrar con la caridad, a crecer en el amor más bien que a recaer en el pecado.”

¿Cuáles son las condiciones para lograr la indulgencia?

Para ganar las indulgencias es necesario que el fiel tenga la disposición interior de un desapego total del pecado, incluso venial, y:

– se confiese sacramentalmente de sus pecados;

– reciba la sagrada Eucaristía;

– realice la profesión de fe (el Credo) y ore según las intenciones del Romano Pontífice (se sugiere un «Padrenuestro» y un «Avemaría»).

¿Habrá indulgencia durante este Año Santo extraordinario?

Sí, y  el  mismo  Papa  Francisco explica en  qué  circunstancias se  concederá la indulgencia.

  • Peregrinando a la Puerta Santa abierta de cada catedral o iglesia según lo estipule el respectivo obispo diocesano, (en Montevideo además de la Catedral se podrá ganar la indulgencia en el Santuario del Cerrito de la Victoria y en el Santuario de la Gruta de Lourdes) o visitando alguna de las cuatro basílicas de Roma.
  • Las personas que físicamente no se puedan trasladar a estos templos, como enfermos, ancianos, etc., recibirán igualmente la indulgencia cuando vivan su “sufrimiento como experiencia de cercanía al Señor” y reciban la comunión y participen en la misa, también a través de los medios de comunicación.
  • Los presos que, “incluso mereciendo alguna pena, sin embargo han tomado conciencia de la injusticia cometida” la pueden ganar en las capillas de las cárceles o elevando su corazón a Dios al atravesar la puerta de su celda.
  • La carta recoge explícitamente la preocupación del Papa ante el “drama del aborto” y las mujeres que llevan “en su corazón una cicatriz por esa elección sufrida y dolorosa”. Francisco concede a todos los sacerdotes durante este Año jubilar “la facultad de absolver del pecado del aborto a quienes lo han practicado y arrepentidos de corazón piden por ello perdón”.

Cumplidas las  necesarias condiciones los  fieles  pueden  también  lucrar la indulgencia jubilar realizando una de las siguientes obras de misericordia  de la tradición cristiana:

Obras de misericordia corporales: dar de comer al hambriento,  dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir a los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos.

Obras de misericordia espirituales: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a Dios por los vivos y los difuntos.

La indulgencia jubilar se puede ganar también para los difuntos. “podemos, en el gran misterio de la comunión de los santos, rezar por ellos para que el rostro misericordioso del Padre los libere de todo residuo de culpa y pueda abrazarlos en la bienaventuranza que no tiene fin.”

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