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Mons. Martin Krebs: “Necesitamos profundizar en el conocimiento del otro”

Entrevista al Nuncio Apostólico en Uruguay
Mons. Krebs durante la entrevista realizada por Entre todos/ Fuente: Federico Gutiérrez

El 16 de junio de 2018, Mons. Martin Krebs fue designado por el Papa Francisco como nuevo Nuncia Apostólico en Uruguay. El 24 de agosto llegó a nuestro país. Mons. Krebs le concedió una entrevista al quincenario Entre todos, que ICM reproduce íntegramente, en la que describe las funciones de un Nuncio Apostólico, los desafíos de la diplomacia vaticana y su trabajo en nuestro país.

¿Podría describir las funciones de un Nuncio Apostólico?

Comprendo la pregunta, porque el Nuncio es un ser extraño (risas). Lleva dos sombreros: el eclesiástico y el diplomático – político. ¿Y por qué es así? Porque el Nuncio representa al Papa, y el Papa tiene esos dos papeles: es el jefe espiritual de los católicos y al mismo tiempo es el Jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano. El Papa tiene la misión de desempeñar esos dos roles, y el Nuncio ayuda al Papa a cumplir esa misión.

Esos roles tienen reglas, que se encuentran formuladas en dos libros: para la función eclesiástica, el Código de Derecho Canónico de 1983, que establece las normas que guían el trabajo y la vida del Nuncio; y para la función diplomática, la Convención Internacional de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, de 1961.

Por consiguiente, lo primero que hice al llegar al país, fue entregarle al Presidente de la Conferencia Episcopal del Uruguay una carta enviada por el Cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, en la que me presentaba como nuevo Nuncio apostólico. Y en mi carácter de diplomático, el 9 de octubre de 2018 entregué al Presidente de la República, Dr. Tabaré Vázquez, en una ceremonia muy solemne, la carta en la que el Papa Francisco me acredita como su enviado en Uruguay.

¿Y por qué en la Iglesia hay un Papa, y, en representación de él, un Nuncio, con dos papeles? ¿No es algo extraño? ¿La Iglesia no debería ocuparse solo de lo estrictamente espiritual? La respuesta es no. Para la Iglesia católica, es necesario no confundir la dimensión espiritual con la dimensión sociopolítica, pero no es posible separarlas. El Concilio Vaticano II ha dicho: La Iglesia es en Cristo signo e instrumento de la unión íntima (de los hombres) con Dios y de la unidad de todo el género humano. Es decir, la Iglesia es responsable de trabajar por la unión espiritual de los hombres con Dios, pero también por la unidad social de la humanidad. Son dos funciones que no se deben confundir ni separar. Trabajar por la unidad del hombre con Dios y por la unidad del género humano es la misión de toda la Iglesia, y especialmente la misión del Papa y de su representante, el Nuncio.

La función del Nuncio en la Iglesia tiene prioridad sobre su trabajo diplomático. El artículo 364 del Código de Derecho Canónico (CIC) dice: La función principal del Legado consiste en procurar que sean cada vez más firmes y eficaces los vínculos de unidad que existen entre la Sede Apostólica y las Iglesias particulares. Al mismo tiempo, forma parte de mi cometido el prestar ayuda y consejo a los obispos, sin menoscabo del ejercicio de su potestad legitima. (c. 364, 2° CIC). Es decir, el Nuncio y los obispos locales tienen una perspectiva diferente, pero comparten la común responsabilidad por el cuidado de la Iglesia y de la fe. Ciertamente, el Nuncio tiene también prerrogativas especiales, principalmente cuando se trata del nombramiento de los obispos. Es esta una prerrogativa del Papa, y el Nuncio lo representa en esa función. El Nuncio realiza el trabajo previo, y finalmente el Papa decide.

Finalmente, en Uruguay, como en muchos otros países, el Nuncio también es el Decano del Cuerpo Diplomático e invierte parte de su tiempo en esa labor.

¿Cuáles son los desafíos que enfrenta la diplomacia vaticana en estos momentos? ¿De qué manera se está trabajando en ellos?

Los desafíos de la diplomacia papal son los temas identificados por el Papa Francisco como prioridad de su pontificado. El compromiso con la paz tiene un papel central, por ejemplo, en el permanente trabajo por el desarme y el respeto por las reglas del Estado de derecho. De la misma manera, es importante el compromiso con una mayor justicia y con la protección de los pobres.

No menos significativo es el empeño en la protección de los Derechos Humanos; por ejemplo, en la lucha por la abolición de la pena de muerte en todo el mundo. Ustedes recuerdan que el texto del Catecismo sobre este tema ha sido recientemente cambiado. Antes, la pena capital era permitida por la Iglesia en algunos casos excepcionales, pero ya no. Se debe preservar la dignidad del ser humano en toda circunstancia.

Seguramente todos conocen el rol fundamental que tiene la protección del medio ambiente en la Iglesia, como lo muestra la encíclica “Laudato Si’”. Además, la cooperación con otras religiones: recordemos el reciente viaje del Santo Padre a Abu Dhabi, en el que se ha firmado un documento conjunto con los musulmanes, lo que ha significado un paso muy importante.

Para lograr sus metas, el Vaticano en muchas circunstancias prefiere el trabajo multilateral. Como se sabe, la institución central de la diplomacia multilateral es la Asamblea de las Naciones Unidas, y la Santa Sede está allí presente como “Observador”, con un Representante permanente.

El método de trabajo de la diplomacia papal es, sobre todo, alentar y ayudar a las partes a resolver las cuestiones mediante el diálogo. En algunos casos excepcionales, las partes en conflicto desean incluso que la Santa Sede actúe como intermediario. Otra forma efectiva de trabajar en el campo de la política son los viajes internacionales del Papa.

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¿Por qué le parece importante que los países, más allá de su cultura, mantengan relaciones diplomáticas con la Santa Sede?

La Santa Sede tiene un gran potencial, que es la fe en Dios y su vasta experiencia. Con ambas características, fortalece la idea de comunión y recuerda el ideal del bien común. Si un país tiene relaciones diplomáticas con la Santa Sede, puede beneficiarse de ambas dimensiones.

Otra ventaja de la Santa Sede es que ella actúa en forma completamente pragmática en la búsqueda de oportunidades para la cooperación y la paz. No exige una determinada ideología para comenzar un diálogo; puede trabajar con todos los sistemas políticos legítimos. La cuestión de la ideología viene siempre en segundo lugar: lo primero, y lo más importante para comenzar, es la realidad concreta. Esto se aplica a los problemas dentro de los estados, pero también en la política internacional.

En su largo recorrido en el Servicio Diplomático del Vaticano, ¿qué realidades le han marcado de forma más profunda?

No quiero referirme a un solo país, porque todos ellos me han mostrado su riqueza humana y cultural de manera diferente e impresionante. En el conocer países diferentes, se aplica el mismo principio que en las relaciones humanas: allí donde uno se siente más extraño tiene que invertir más energía y paciencia; pero es también allí donde puede hacer las experiencias más sorprendentes y enriquecedoras.

Recuerdo lo que el Papa Francisco dijo una vez a sus diplomáticos en ciernes: No pesques en el acuario, no estés satisfecho con el pequeño mundo que conoces y puedes controlar. Prefiere pescar en el mar, donde nunca estás a salvo de grandes sorpresas. Esa es la experiencia que he tenido en cada país. En aquel que parece más extraño y lejano, tienes que invertir tiempo en conocer, tienes que tener paciencia; pero las sorpresas son increíbles. He hecho experiencias culturales y experiencias en las relaciones humanas que me han hecho extremamente “rico”, y no precisamente en dinero. Y ahora me toca Uruguay.

¿Cómo ha vivido la universalidad de la Iglesia en los diferentes países (que han incluido África, Asia, Europa, América del Norte, Oceanía y ahora América Latina) en los que le ha tocado trabajar?

La fe nos conecta. Cuando llegué aquí, desde Nueva Zelanda, no conocía nada de Uruguay, más allá de haber leído algo. Pero es el Evangelio el que nos conecta. Con un mundo totalmente diferente, como el del Pacífico, no hay muchas cosas en común, sino el Evangelio. La gente se nutre del Evangelio, aquí y allá.

Yo siento que en la fe tengo una riqueza que no es mía, sino que me viene como regalo por mi pertenencia a la Iglesia. Es una gran comunión en diferentes situaciones; países ricos, países muy pobres. Estar unidos por la fe es perfecto.

¿Cómo es el relacionamiento de la Santa Sede con nuestro país, con las diferentes diócesis y con las autoridades civiles y políticas? ¿Cómo ha sido ese relacionamiento históricamente? ¿En qué puntos se está trabajando más fuertemente?

Los primeros meses me han demostrado que hay un gran interés en conocer las posiciones políticas, diplomáticas y de fe de la Santa Sede. Existe un sincero respeto mutuo por la independencia de la Iglesia y del Estado. Creo que, a pesar de los recursos limitados de los que disponemos, necesitamos profundizar en el conocimiento del otro.

En lo que concierne a mis contactos con la Iglesia en Uruguay, aparte de los contactos realizados en Montevideo, ya he visitado Salto, Florida y Maldonado – Punta del Este; la próxima visita está prevista a la diócesis de San José de Mayo. Las visitas ayudan a conocer al otro.

Ya desde una visión más personal, ¿cómo evalúa la religiosidad en Uruguay, especialmente el secularismo que data de hace más de 100 años? ¿Cómo afecta esto el trabajo de la Nunciatura?

Muchos dicen que Uruguay es uno de los países más secularizados del mundo. Pero no todas las personas que dicen eso conocen bien a otros países fuertemente secularizados, especialmente en el mundo occidental. Por ejemplo, también el país donde residía anteriormente, Nueva Zelanda, tiene la reputación de ser un ambiente muy laico. Así que Uruguay no está en una situación tan particular, como se podría pensar. Pero comprendo muy bien el deseo de vivir la fe con más apoyo público, como sucede en países tradicionalmente católicos. Los británicos dicen: “la hierba siempre es más verde del lado del vecino”. ¡Pero hay hierba muy verde también en Uruguay!

La Iglesia uruguaya quizás esté obligada a recomenzar la evangelización desde el principio en muchos lugares, pero esto constituye una tarea inspiradora. En algunos países tradicionalmente cristianos católicos, existe el riesgo de vivir la fe como rutina. Sin embargo, el Evangelio debe ser redescubierto, revivido cada día. La Iglesia en Uruguay vive un desafío, pero tiene oportunidades que otros no tienen. Estoy seguro de que los uruguayos saben que no son menos talentosos que otros en la vivencia de su cristianismo, ¿verdad?

Perfil de Mons. Martin Krebs - Nuncio Apostólico en Uruguay

Martin Krebs nació en Essen, Alemania, el 2 de noviembre de 1956. Fue ordenado sacerdote el 10 de octubre de 1983 en la Diócesis de Essen. Recibió la ordenación episcopal el 16 de noviembre de 2008. Es Doctor en Derecho Canónico. El 16 de junio de 2018 fue nombrado Nuncio Apostólico en la República Oriental del Uruguay.

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