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Mensaje para la próxima Jornada Mundial por las Misiones

El próximo mes de octubre se celebrará un mes Extraordinario
La misión de la Iglesia / Fuente: Andrés Chávez Belisario - Cathopic

El domingo 9 de junio, durante la Solemnidad de Pentecostés, el Papa Francisco dio a conocer el mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2019. La jornada se celebrará el domingo 20 de octubre y coincidirá con el Mes Misionero Extraordinario convocado por el Santo Padre, para conmemorar el centenario de la promulgación de la Carta apostólica Maximum illud del Papa Benedicto XV.

El título del documento es “Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo”, y destaca el Obispo de Roma que “Para el amor de Dios nadie es inútil e insignificante. Cada uno de nosotros es una misión en el mundo porque es fruto del amor de Dios”. Compartimos con ustedes algunos pasajes del mensaje.

“Nuestra pertenencia filial a Dios no es un acto individual sino eclesial”

En el comienzo del mensaje papal se destaca que la celebración de este mes misionero “nos ayudará en primer lugar a volver a encontrar el sentido misionero de nuestra adhesión de fe a Jesucristo, fe que hemos recibido gratuitamente como un don en el bautismo”. Y agrega que “Nuestra pertenencia filial a Dios no es un acto individual sino eclesial: la comunión con Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, es fuente de una vida nueva junto a tantos otros hermanos y hermanas”.

El Santo Padre enfatiza que “esta vida divina no es un producto para vender —nosotros no hacemos proselitismo— sino una riqueza para dar, para comunicar, para anunciar; este es el sentido de la misión”. Además resalta que “La Iglesia está en misión en el mundo: la fe en Jesucristo nos da la dimensión justa de todas las cosas haciéndonos ver el mundo con los ojos y el corazón de Dios; la esperanza nos abre a los horizontes eternos de la vida divina de la que participamos verdaderamente; la caridad, que pregustamos en los sacramentos y en el amor fraterno, nos conduce hasta los confines de la tierra”.

La paternidad de Dios y en la maternidad de la Iglesia

Más adelante, el Papa Francisco señala que la misión es “un mandato que nos toca de cerca: yo soy siempre una misión; tú eres siempre una misión; todo bautizado y bautizada es una misión”. Y este llamado personal “es una misión en el mundo porque es fruto del amor de Dios. Aun cuando mi padre y mi madre hubieran traicionado el amor con la mentira, el odio y la infidelidad, Dios nunca renuncia al don de la vida, sino que destina a todos sus hijos, desde siempre, a su vida divina y eterna (cf. Ef 1,3-6)”.

Luego, citando a San Cipriano, recordó que “Somos hijos de nuestros padres naturales, pero en el bautismo se nos da la paternidad originaria y la maternidad verdadera: no puede tener a Dios como padre quien no tiene a la Iglesia como madre”. Por tanto, asegura, “nuestra misión radica en la paternidad de Dios y en la maternidad de la Iglesia, porque el envío manifestado por Jesús en el mandato pascual es inherente al bautismo: como el Padre me ha enviado así también os envío yo, llenos del Espíritu Santo para la reconciliación del mundo. Este envío compete al cristiano, para que a nadie le falte el anuncio de su vocación a hijo adoptivo, la certeza de su dignidad personal y del valor intrínseco de toda vida humana desde su concepción hasta la muerte natural”.

La pascua de Jesús rompe los estrechos límites de mundos

Otro punto al que hace referencia en el mensaje el Santo Padre es a la necesidad actual de que “hombres y mujeres que, en virtud de su bautismo, respondan generosamente a la llamada a salir de su propia casa, su propia familia, su propia patria, su propia lengua, su propia Iglesia local”. Estos cristianos, agrega, “son enviados a las gentes en el mundo que aún no está transfigurado por los sacramentos de Jesucristo y de su Santa Iglesia. Anunciando la Palabra de Dios, testimoniando el Evangelio y celebrando la vida del Espíritu llaman a la conversión, bautizan y ofrecen la salvación cristiana en el respeto de la libertad personal de cada uno, en diálogo con las culturas y las religiones de los pueblos donde son enviados”.

También el Obispo de Roma hace notar “coincidencia providencial con la celebración del Sínodo especial de los obispos para la región Panamazónica” con la celebración del mes misionero. Sobre este asunto remarca que “Un Pentecostés renovado abre las puertas de la Iglesia para que ninguna cultura permanezca cerrada en sí misma y ningún pueblo se quede aislado, sino que se abran a la comunión universal de la fe. Que nadie se quede encerrado en el propio yo, en la autorreferencialidad de la propia pertenencia étnica y religiosa”.

Agrega el Pontífice que “La pascua de Jesús rompe los estrechos límites de mundos, religiones y culturas, llamándolos a crecer en el respeto por la dignidad del hombre y de la mujer, hacia una conversión cada vez más plena a la verdad del Señor resucitado que nos da a todos la vida verdadera”.

Sobre el final del mensaje, antes de enviar la bendición a los misioneros y misioneras alrededor del planeta, el Santo Padre pide confiar “a María, nuestra Madre, la misión de la Iglesia”. “La Virgen, unida a su Hijo desde la encarnación, se puso en movimiento, participó totalmente en la misión de Jesús, misión que a los pies de la cruz se convirtió también en su propia misión: colaborar como Madre de la Iglesia que en el Espíritu y en la fe engendra nuevos hijos e hijas de Dios”, concluyó.

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