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La santidad: regalo de Dios para su pueblo

Entrevista a Fray Carlo Calloni OFMcap, Postulador General de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, encargado de la causa de beatificación de Monseñor Jacinto Vera
Fray Carlo Calloni OFMcap / Fuente: ICMtv

El pasado mes de octubre estuvo en Uruguay Fray Carlo Calloni OFMcap, Postulador General de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, encargado de la causa de beatificación de Monseñor Jacinto Vera. Participó de varias actividades y reuniones referentes a la vida del Venerable obispo uruguayo. La web de ICM aprovechó la ocasión para hablar con él del proceso de beatificación de Monseñor Jacinto Vera y de su trabajo dentro de la orden franciscana capuchina.

¿En qué etapa se encuentra la causa de Monseñor Jacinto Vera?

Primero hay que saber que dos momentos distintos componen la causa de beatificación y canonización: una fase diocesana y una fase en Roma. Monseñor Jacinto Vera ha sido declarado Venerable en mayo de 2015, por tanto ya está en la fase romana. La congregación de los capuchinos ha llevado adelante esta fase romana en la que se indagó sobre la virtudes heroicas de Monseñor Jacinto Vera y se llegó al decreto de Venerabilidad. Ahora todos tenemos el deseo de que un hecho extraordinario se realice por intercesión del Siervo de Dios e iniciar un nuevo paso para llegar a la beatificación. Esta es la etapa en la que está la causa de Mons. Jacinto Vera.

¿Cuál es el trabajo específico que usted realiza dentro de los Capuchinos y en esta causa en particular?

Soy postulador de muchas causas, sobre todo dentro de la Orden de los Hermanos Capuchinos, de los monjes de clausura, pero también tengo a mi cargo otras causas como la de Monseñor Jacinto Vera. Esta le fue confiada a la Orden hace mucho tiempo, en 1942, cuando finalizó la fase diocesana. El Arzobispo, posteriormente Cardenal, Antonio María Barbieri, que era capuchino, pensó confiar la etapa romana de la causa a la Orden. Es por esto que un postulador capuchino es el encargado de llevar adelante la causa de Monseñor Jacinto Vera en la fase romana. Yo llevo adelante cerca de 80 causas, no sólo de capuchinos. Son todas figuras preparadas para ser validadas o consideradas como intercesores de la fe, como beatos.

¿De esas 80 causas, hay alguna de la que pueda hablarnos?

Son muchas las figuras, las causas, que pueden ser atractivas. Últimamente estamos llevando a término la presentación del milagro para la beatificación de un hermano sacerdote capuchino que murió en la década de 1950 en Detroit, Estados Unidos, que era tartamudo, tenía problemas para el habla. Durante 40 años atendió la puerta de un convento, recibiendo a las personas que allí llegaban, dando consejos, acompañándolas. Y hay un milagro extraordinario, de una señora de Panamá, que tenía una enfermedad muy invalidante para ella, tenía una piel como de serpiente, toda escamosa, y en un momento reza una oración sobre la tumba de este Siervo de Dios. El signo es que la mujer se sanó y su piel volvió a ser como la de una niña de pocos años.

Volviendo a la causa de Monseñor Jacinto Vera y Montevideo, ¿qué puede destacar?

Creo que estas causas, como la del Venerable Monseñor Jacinto Vera, son siempre necesarias para renovar o incrementar nuestra fe. Ellos son ejemplos de vida cristiana, pueden ser intercesores por nosotros, sobre todo pueden dar más fuerza a nuestra fe. No es que creamos por ellos, sino que son un ejemplo que pueden mostrarnos cómo Dios interviene también en los eventos cotidianos de la vida de su comunidad cristiana. Creo que Dios llega siempre en el momento más oportuno para mostrar estos modelos. Puede hacerse la observación y decir: “Bueno, Monseñor Jacinto Vera murió en 1881, el proceso diocesano fue abierto en 1939, han pasado muchísimos años…”, pero creo que Dios llega en el momento más oportuno para presentar modelos que nos ayudan a sostener nuestra fe. Esto hace que nuestra oración deba ser coral (es decir de todos) y ferviente. Creo que Dios quiere dar esta señal a la Iglesia que está en Uruguay.

Hace unos años le preguntaban sobre la causa del Padre Pío, del tema del cuerpo incorrupto, y usted decía que si bien es un signo no es lo más importante a la hora de ver la santidad en una persona. ¿Es así?

El cuerpo incorrupto no es seguramente un factor que cuente en la santidad de una vida. El primer gran análisis que se hace es sobre la virtud: cómo el Siervo de Dios ha vivido la fe. Como vivió la esperanza, la caridad, si se han vivido de forma heroica. Cómo ha vivido la virtudes cardinales de la justicia, de la prudencia, de la fortaleza, de la temperanza. En el caso de los religiosos, cómo ha vivido la pobreza, la obediencia y la castidad. Cómo vivió la mansedumbre. El cuerpo incorrupto no es lo importante. Cierto que en algunos casos se convierte en señal maravillosa. Por ejemplo, estando en Lourdes he visto el cuerpo de Santa Bernardita Soubirous, y su cuerpo estaba como si hubiese muerto ayer. Este puede ser un signo que Dios quiere regalarnos, pero no es lo que define una beatificación o una canonización.

¿Hay lugar para la santidad hoy?

Como siempre, es la gracia de Dios la que pone a las personas en el camino. Muchas veces nos sorprendemos con cristianos que nos parecían muy conocidos y es en el momento de su muerte cuando vemos su verdadero seguimiento a Dios. Un caso es el de Pier Giorgio Frassatti, un joven de Turín, que era normal, alegre, esperanzado, despreocupado, y que hacía tanto bien ayudando a los pobres. Para su familia era una persona corriente. Pero el día de su funeral se hace presente una multitud que nadie se esperaba, sobre todo pobres. Este es uno de los signos de que la persona hizo el bien, que inesperadamente se muestran diferentes a lo que puedan haber aparentado en su vivir cotidiano. Donde el Señor está, te tira hacia afuera para darte a los demás. Aquí, en Uruguay, también puede estar ocurriendo hoy.

Por Camilo Genta

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