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“La primera actitud es escuchar la realidad”

Entrevista al P. Fabio Baggio, subsecretario de la Sección Migrantes y Refugiados de la Santa Sede

El sábado 11 de mayo la Lic. Gabriela Gómez realizó una entrevista, para el programa Tendiendo Puentes que se emite por Radio Oriental, al P. Fabio Baggio, sacerdote scalabriniano. Hablaron sobre el trabajo que lleva adelante la Iglesia Católica para acoger, proteger, promover e integrar a las personas migrantes, refugiados y víctimas de trata. A continuación, algunos de los pasajes más significativos de esta entrevista, en la que el sacerdote habló sobre el nuevo dicasterio, el trabajo con los migrantes a nivel global, así como del proyecto “Puentes de Solidaridad” que se viene realizando en diez países de Latinoamérica, incluido Uruguay. En enero de 2017 comenzó el trabajo visible del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral.

¿Cómo fue el proceso que llevó a la creación del Dicasterio?

Con la llegada de Francisco se formó un grupo de cardenales para trabajar en la reforma de la Curia Romana y, entre los elementos a evaluar, estaban los pontificios consejos que trabajaban de forma individual. El Papa quería buscar una forma para que ese trabajo confluyera en un dicasterio único. Este fue el caso de cuatro Pontificios consejos; el Cor Unum, el de la Salud, el de Justicia y Paz y el de migrantes e itinerantes, que confluyeron dentro del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. El Santo Padre, a través del motu propio de creación, erigió también una sección dentro de ese dicasterio totalmente dedicada a migrantes y refugiados; y además añadió que por un tiempo lo iba a guiar él mismo.

¿Cómo se realiza este trabajo de la Sección Migrantes y refugiados?, ¿cómo se dialoga sobre el tema en la Iglesia?

El Santo Padre ha adoptado desde el comienzo como primera actitud escuchar la realidad. Y eso se realiza dándole voz a todas esas personas que trabajan en el terreno, aquellos que representan a la Iglesia católica en las periferias existenciales y que tienen un contacto directo con la gente más necesitada de nuestra asistencia pastoral. Después había que conjugar todos los elementos de conocimiento que nos ofrecen las ciencias sociales y las ciencias teológicas. Pero nuestro conocimiento no puede limitarse simplemente a lo científico.

Tenemos que saber interpretar lo que pasa hoy como signo de los tiempos. Una manera directa de hablar de Dios a toda la humanidad y a la Iglesia por medio de los distintos acontecimientos. Esa fue una de las revelaciones del Concilio Vaticano II que el Santo Padre suele llamar a la memoria cuando se habla de metodología. Hay algo importante en esta metodología de ver, juzgar y actuar que después se refleja en nuestras acciones como sección.

Por su parte, dentro de la Curia misma hay dicasterios (como la Secretaría de Estado), que se ocupan del diálogo con los gobiernos. A través de los embajadores acreditados ante la Santa Sede, así como de las nunciaturas en los diferentes países, se produce un diálogo bilateral y muchas veces multilateral entre gobiernos, en Naciones Unidas o en otros organismos internacionales.

Lo mismo vale para el diálogo ecuménico. Hay un pontificio consejo que se preocupa de este diálogo y de la unidad de los cristianos, y en este caso hay una comisión conjunta entre católicos y protestantes con el Consejo Mundial de la Iglesias para trabajar en un documento conjunto sobre migrantes y refugiados. Y en este pontificio consejo también participa un representante de la Sección Migrantes y Refugiados para ayudar a los fines del consejo.

El 10 y 11 diciembre de 2018 se llevó a cabo una conferencia convocada por la Organización de Naciones Unidas (ONU), en Marrakech, para adoptar un pacto a nivel global para una migración más segura y digna para todos. El texto, cuyo nombre oficial es Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, fue acordado por todos los miembros de la ONU. Y si bien algunos países se bajaron del pacto, ya que el texto no es vinculante, servirá como documento marco a nivel internacional.

¿Nos puede contar sobre el aporte y la participación que tuvieron en este Pacto Global la Sección Migrantes y Refugiados, en particular, y la Santa Sede, en general?

Cuando comenzamos nuestro trabajo nos reunimos directamente con el Santo Padre para conocer los primeros pasos de la Sección; entre ellos estaba el tema de los pactos globales. Por un lado el
pacto sobre los refugiados y, por otro, el pacto sobre una migración segura, ordenada y regular. El Santo Padre nos pidió ponernos al servicio de las misiones permanentes de la Santa Sede ante la ONU para ver cómo se podían presentar aquellos puntos que para nosotros eran muy importantes.

¿Cómo lo hicimos? Tuvimos un encuentro con aquellos que alrededor del mundo trabajan en el terreno con migrantes y refugiados, y les pedimos que nos dijeran, según ellos, qué debería entrar en los pactos mundiales. Recolectamos 16 puntos y después, en un encuentro con las conferencias episcopales, llegamos a los 20 puntos y preparamos el documento. Le pasamos ese texto a la Secretaría de Estado y luego al Santo Padre. El Papa Francisco nos dijo que estaba muy contento con el documento, entonces lo presentamos en setiembre de 2017. Ese texto llegó primero a la
Secretaría de la ONU, sobre todo para las consultas y negociaciones sobre el pacto global. Y como todo el mundo que trabaja en este tipo de asuntos multilaterales sabe, el primer documento que llega es el denominado 'documento mártir' y después todo el mundo lo mira, lo critica o lo apoya. Así que, queriéndolo o no, todo el mundo fue mirándolo y reaccionando a los puntos que nosotros quisimos levantar.

Esta serie de propuestas que lanzamos a la comunidad internacional suscitaron el interés de muchos estados, porque más allá del proceso se comenzaron a recibir en la Sección algunas observaciones o declaraciones de interés para poner en práctica las sugerencias. Así que antes de la adopción del pacto mundial, los países comenzaron ya a trabajar en él, llegando así a Marrakesh con un pacto de 156 países sobre una migración segura, ordenada y regular. Además, 160 adoptaron el pacto sobre refugiados.

¿Cómo fue el camino para la ayuda a los migrantes en la realidad de Latinoamérica?

En lo que hace a las reuniones con las conferencias episcopales, una de las primeras fue con las sudamericanas. Hubo dos grandes temas: el éxodo de ciudadanos venezolanos y la trata de personas. Quedó claro que todas las Iglesias querían trabajar juntas en el tema de asistencia a los hermanos y hermanas venezolanos que hasta ese momento habían llegado, por diferentes razones, a los diferentes países.

¿Cómo lo organizamos? Cada conferencia preparó su proyecto nacional, conectado con los de las demás. También designamos a un par de personas para que ayudaran a las conferencias episcopales con estos proyectos y para interconectarlos; pensando que hay un comienzo, una salida; hay un tránsito, un pasaje; y también una llegada en otros países.

En estas rutas que se dan por América del Sur, el proyecto debía estructurarse en distintas etapas, abordando todas las dimensiones de la asistencia pastoral, aprovechando sus potencialidades y capacidades. Fueron saliendo muchas propuestas distintas que fueron insumos para que las dos personas que estaban a cargo en Sudamérica presentaran un gran proyecto que llamamos “Puentes de Solidaridad”.

El pasado mes de abril se desarrolló, en la ciudad colombiana de Bogotá, el primer encuentro de evaluación del proyecto “Puentes de Solidaridad”.

¿Qué se desprende de esta primera evaluación?

Comenzamos con ocho conferencias episcopales en mayo del año pasado, simplemente porque Uruguay y Venezuela se tomaron un poco más de tiempo para definir sus proyectos. La evaluación es extremadamente positiva. De los informes que se presentaron se pudo llegar a la conclusión de que los objetivos fueron alcanzados; y muchos pudieron realizar algunas acciones más de las que estaban pensadas en el proyecto. Y sobre todo destacamos que los fondos que se habían puesto para las actividades concretas fueron utilizados de forma óptima, añadiendo actividades que en la marcha se fueron notando como necesarias.

Esto es algo que caracteriza a la Iglesia católica: modificar los proyectos sin la necesidad de tener recursos ilimitados. Por el contrario, los recursos son muy limitados. La Sección Migrantes se comprometió por una a parte a ayudar en la implementación de las actividades cuando fuese necesario pero, sobre todo, a garantizar la financiación del proyecto. Esto último se hizo posible gracias a agencias y sponsors internacionales, particularmente católicos, que colaboraron para las actividades.

Sumado a esto, es destacable el hecho de que la mayoría de los representantes de las diferentes Conferencias Episcopales fueron mujeres. Creo que es un reconocimiento debido a todo el trabajo que las mujeres vienen realizando en las distintas Iglesias de Latinoamérica y el mundo.

P. Fabio Baggio

  • Nació en Bassano del Grappa, Italia, en 1965.
  • Hizo la profesión perpetua con los scalabrinianos en 1991. En 1992 fue ordenado sacerdote
  • Es Doctor en Historia de la Iglesia por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.
  • En diciembre de 2016 fue nombrado Subsecretario de la Sección Migrantes y Refugiados de la Santa Sede.   

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