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La Pasión de Jesús es la verdadera historia de Amor

Procesión y misa de Ramos en la Catedral
Procesión de Ramos/ Fuente: Fernando Polvarini

Este domingo, 25 de marzo, comenzó la Semana Santa con la procesión del Domingo de Ramos. La celebración, presidida por el cardenal Daniel Sturla, comenzó con la bendición de los ramos de olivo y laurel en la Plaza Zabala, en la Ciudad Vieja. Hasta allí se trasladaron cientos de personas para participar en la procesión, que tendría como punto de llegada la Catedral Metropolitana. En la Iglesia Matriz también esperaban muchos fieles para celebrar la misa que recuerda la entrada de Jesús en Jerusalén.

Un amor infinito

La Eucaristía del Domingo de Ramos tiene como particularidad un momento especial la lectura integra de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Seguida con sumo silencio y atención, la lectura recordó el momento de Jesús rezando en el huerto de Getsemaní y su posterior captura, juicio, crucifixión y muerte. A continuación compartimos con ustedes, de forma íntegra, la homilía del cardenal Daniel Sturla.

“Hemos escuchado el relato de la Pasión del Señor, lo haremos también el Viernes Santo. Son los dos días en los que la Iglesia nos invita a escuchar este relato. Podríamos decir que esta es la verdadera historia de amor. Hay un canto muy bonito que dice ‘Quiero hablar de un amor infinito’; este es el amor infinito de Dios hacia el hombre.

En el relato de la Pasión hay cantidad de personajes: están los discípulos, Judas entre ellos, nombrado especialmente el traidor. Pedro, que ama a Jesús entrañablemente, pero que no le da la nafta, no le da el coraje para poder testimoniar por Él. Y después, todavía, se duerme en el momento de acompañar a Jesús.

Y así podríamos seguir; José de Arimatea, que va a pedir con valentía el cuerpo de Jesús. Está Pilato, él actúa haciendo lo políticamente correcto, se da cuenta que ese hombre era inocente, pero toda la barra quería que lo crucificaran y el vio que le convenía entregarlo. Total, un muerto más ¿qué iba a hacer? No se daba cuenta frente a quién estaba. Y así podríamos seguir y seguir.

El don de la fe nos hace descubrir a Dios

Pero me detengo en el centurión, era un oficial romano, un pagano, alguien que no tenía toda la tradición de fe de Israel. Y sin embargo, en la muerte de Jesús, él dice ‘Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios’. Tiene el don de la fe para descubrir que el Hijo de Dios era un crucificado. No había allí esplendor de luz, no era el Jesús Transfigurado, sino el Jesús desfigurado por el odio. Pero allí, en ese cuerpo destrozado, desnudo, torturado, coronado de espinas, muerto… este hombre descubre la verdadera realidad; es el Hijo de Dios.

Y al final el Evangelio nombra a las mujeres. María Magdalena y la otra María miraban donde lo habían puesto. Ya estaban preparándose para ir a ungir el cuerpo de Jesús, al que después no encontrarán.

Tengamos entonces nosotros en estos días la fuerza de la fe del centurión romano, que descubre en ese Cristo crucificado, desfigurado por el odio, pero transfigurado por el amor, al Hijo de Dios que nos manifiesta el amor infito. Y como las mujeres, estemos espectantes en estos días, queriendo acompañar el camino de Jesús y vivir una Santa Semana”.

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