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«La música es parte de lo que soy»

El P. Cristóbal Fones, sj, visitó Uruguay. Realizó una oración cantada en la Universidad Católica y además fue el primer invitado al ciclo de entrevistas "En diálogo", de ICMtv

Detrás de cada una de sus canciones hay una historia por conocer. Cristóbal Fones es un sacerdote jesuita chileno que, hasta el momento, ha grabado diez discos de música religiosa, que suena en varios países del mundo. Sus canciones han sido traducidas al inglés, portugués e italiano, y ha incursionado en los géneros de merengue, salsa, bachata y rap. Las siguientes líneas son un resumen de la entrevista realizada por ICMtv y el Decos de Montevideo en la parroquia San Ignacio.

La conducción estuvo a cargo del P. Ignacio Rey Nores, también jesuita, y contó con la participación de una veintena de jóvenes. La entrevista es la primera de una serie denominada "En diálogo". Se puede acceder a la totalidad de la entrevista, en 5 bloques, desde este enlace.

¿Cómo fueron los primeros años de tu vida y cómo encontraste la fe?

Vengo de una familia muy sencilla, muy bonita. Somos seis hermanos, yo soy el cuarto. Nos queremos mucho, somos muy diferentes, pero nos apoyamos mucho. No los veo tanto como quisiera, yo ahora tengo una misión en el Sur de Chile. Pero en mis días en la ciudad de Santiago tratamos de encontrarnos. Siempre fuimos una familia religiosa, pero tampoco es que estuviéramos todo el tiempo en la Iglesia. Vivíamos en el campo y viajábamos todos los días a Santiago para ir al colegio. Eso lo agradezco mucho. Tengo los mejores recuerdos de mi niñez.

Estudié en un colegio de los jesuitas que se llama San Ignacio, aunque la formación en la fe la asocio más a mi familia que al colegio.

Siendo más adolescente empecé un camino en la fe más personal. A los 14 años ingresé en un movimiento que se llama Centro Pastoral Juvenil de los Sagrados Corazones y eso me significó otra dinámica. Empecé a rezar y a tener un cuaderno espiritual. No tenía para nada pensado ser sacerdote, pero sí empecé a cultivar una relación con Jesús muy personal, que siguió durante toda la secundaria. Luego, participé en la Comunidad de Vida Cristiana, que fortaleció mucho esto. Tuve el privilegio de estar siempre en un ambiente muy católico y la música siempre significó para mi generar pequeñas comunidades.

¿Cómo fue el comienzo de tu formación como sacerdote?

Ingresé al noviciado en el año 1994. Yo entré a la compañía jesuita con una inocencia total, no tenía ni idea en qué me estaba metiendo. Recuerdo que a la semana de entrar comenzaron las clases y el primer tema fueron los votos (pobreza, castidad y obediencia), y yo pregunté ¿qué son los votos? Mis compañeros no lo podían creer. Yo estaba dispuesto a lo que fuera, ingresé para dar la vida. No fui para negociar nada. Hoy me da mucha ilusión recordar esa inocencia que siento que era muy de Dios. Arranqué con mucha ilusión en algo desconocido, pero estaba confiado. La etapa del noviciado fue preciosa, aprendiendo todo de cero.

¿Cuándo comienza tu relación con la música y cómo se conecta con la fe?

Si hay algo que tengo claro es que mi vocación es ser sacerdote jesuita, esa es mi vocación. Para mí, cantar es el modo que tengo para expresar lo que amo y lo que sueño.

Para mí la música nunca fue un medio o una estrategia de evangelización, es parte de lo que yo soy. Pero hoy no puedo desconocer que mi música se escucha en muchos lugares y que a través de la música me metí en el mundo de la ecología, en el mundo indígena, con los migrantes, entre otros. Yo tengo mis propios gustos musicales, pero en el devenir y tratando de acercarme a la gente incursioné en merengue, salsa, bachata, hasta un rap grabé.

Pienso que la música ha sido el modo en que Dios ha querido utilizarme y a través de eso llegar a muchos corazones. He cantado en catedrales gigantes o en las Jornadas Mundiales, pero también he cantado en capillitas en la cordillera de los Andes o en el sur de Chile con diez abuelitas y es el mismo gozo. Es el mismo sentir.

El tema musical que compusiste “Al corazón de Jesús”, que define a tu gran amigo Jesús y tu querer vivir como Él, ¿qué fuerza tiene cada vez que la cantás?

Es una canción que salió a pedido del Provincial de esa época en 1996, para consagrar la provincia jesuítica de Chile al corazón de Cristo. Entonces, un compañero hizo un texto y yo elaboré la canción. Ese tema está asociado a muchas experiencias, fue como un nuevo lenguaje para esa misma devoción, que es antigua. Hay muchas congregaciones religiosas que lo tomaron. Se tradujo al inglés, portugués e italiano, que yo sepa... quizá hay más traducciones.

¿Cómo vivís todo lo que está pasando en la Iglesia Católica de Chile?

Yo creo en la Iglesia sencilla y no me escandaliza el pecado. Nunca pretendí entrar a una Iglesia de perfectos, para mí el fundamento de mi incorporación a la Iglesia es Jesús en medio de la comunidad. Las cosas que están saliendo hoy a la luz, muchas de ellas como abaladas por una manera de ser más clericalita que todavía sigue vigente, son atrocidades y crímenes. No se trata de idealizar un modelo de Iglesia u otro, se trata de atender al tiempo presente con la mayor honestidad, con la mayor generosidad tratando de escuchar lo que el Espíritu nos está diciendo hoy. En ese contexto, si hay una crisis es la crisis de la imagen de la Iglesia... pero la Iglesia no existe para salvarse a sí misma, sino para otros. Si nuestro empeño es salvar la imagen de la Iglesia, estamos perdidos.

El Papa Francisco en el caso de Chile se equivocó feo y eso nos dolió mucho. Pero fue capaz de reconocerlo. Y esa nobleza es nuestra esperanza. El tema de los escándalos de los abusos sexuales en la Iglesia Católica es una arista de una crisis de una dimensión de la jerarquía de la Iglesia, y me parece bien que la atendamos de una manera definitiva, con mejores protocolos y de una manera decidida. Sobre todo, en favor de las víctimas que han sufrido. Pienso que en muchos sentidos la Iglesia hace rato que está en crisis porque no se ha dejado —los bautizados no nos hemos dejado—, tocar por el corazón por Jesús.

La Iglesia está viviendo un momento especial de su historia, de una incertidumbre importante... ¿Cómo sentís este momento de la Iglesia? ¿Qué horizonte percibís?

Creo que los jóvenes son el futuro de la Iglesia, pero también son el presente. Hoy hay una especie de hipersacralidad de la juventud que creo que no les hace muy bien. Los jóvenes son maravillosos, pero no son más maravillosos que los niños, adultos o que los ancianos. La cultura en la que vivimos exacerba demasiado la juventud. Los jóvenes aún tienen mucho que aprender, que conocer. Es una etapa linda e importante.

Este es el tiempo de la experiencia religiosa. Claramente la institucionalidad ya no nos representa nada. La gente no va a llegar más a las comunidades pidiendo la catequesis como sacramento, llega pidiendo mística. Porque estamos agostados, porque todo se comercializa, todo es desechable y el ser humano necesita valor y cosas que le aporten sentido.
Pienso que la labor de la Iglesia no va a consistir tanto en atraer a los jóvenes, sino que va a centrarse en ofrecer profundidad, silencio, escucha y tratar al otro con dignidad. No instrumentalizar al otro, no somos una ONG que está buscando adeptos.

Perfil

P. Cristóbal Fones, sj MÚSICO COMPOSITOR

Nació en Santiago, Chile en 1975. Estudió en el colegio San Ignacio El Bosque, obra de la Compañía de Jesús, donde recibió una formación orientada al servicio de los más necesitados. Hasta antes de ingresar al Noviciado en 1994, solía cantar en festivales de música popular y en celebraciones matrimoniales con un grupo de amigos llamado “Engranaje”. Cursando estudios de sociología en la Universidad Católica de Chile, acogió el llamado a consagrar su vida como sacerdote.

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