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La fe movió a miles a visitar a la Virgen

En la fiesta de María, los fieles subieron al Cerro del Verdún y el Obispo invitó a reflexionar sobre "la parábola del incendio"
Virgen del Verdún/ Fuente: G. De Luca

Son las 9 de la mañana del 19 de abril y desde la ruta 8 los nubarrones son ostensibles. La policía desvía todo el tránsito hacia la ruta 12; allí van los autos, ómnibus y motos que se dirigen al Cerro del Verdún, donde se encuentra la imagen de la Virgen. Contra todo pronóstico a medida que se va acercando el mediodía empieza a aclarar y el sol comienza a sentirse por parte de los peregrinos que llegan a visitar a la Madre.

La gente comenzó a llegar temprano y en buen número; ya no importaba la amenaza de lluvia. Familias, grupos parroquiales, excursiones o peregrinos solitarios arriban de todo el país para rezar, pedir, pero sobre todo agradecer a la Virgen del Verdún por interceder ante Jesús por ellos, por sus hijos, por sus padres, por sus amigos.

“El Verdún son familias, cantidad de familias, generaciones y generaciones enteras de familias que llegan. Es la Madre por sí sola la que atrae”, nos comenta Mons. Jaime Fuentes, obispo de la diócesis de Minas. La fiesta de este año tuvo un toque particular, fueron 10 días de celebración que comenzaron el 14 de abril y se extendieron hasta el 23.

Si bien el día más importante es el 19 de abril, fecha de la fiesta, “los días anteriores vino mucha gente. Hay que ir de a poco. Porque estos diez días han sido una idea del Rector del Santuario, el P. Jarek. La gran novedad es que estamos exponiendo el Santísimo en el templo de arriba y todo el mundo entra con mucho respeto, mucho silencio y eso es una maravilla; porque la Virgen nos lleva a la Eucaristía obviamente”, agrega el prelado.

El Cerro del Verdún está ubicado a las afueras de la ciudad de Minas, la capital del departamento de Lavalleja. Para donde se dirija la mirada se encuentra un paisaje serrano, que llama a la oración y la contemplación. Tal vez la única imagen que contraste desde lo alto del cerro sea la planta de pórtland de ANCAP, que precisamente por ser la zona de extracción ha dotado al paisaje de un enorme pozo.

Otra característica es el verde que domina la zona, o por lo menos lo era hasta comienzos de marzo cuando un incendio afecto a más de 300 hectáreas, de los cerros del Verdún y del Chivo, y tiñó gran parte de la zona de color ocre. El tema del incendio fue abordado por Mons. Jaime Fuentes en la homilía de la Misa de las 15 horas, la principal de la jornada y que fue seguida por un gran número de fieles.

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El fuego y el agua

El obispo de Minas dijo que “el incendio hay que interpretarlo como una parábola, una imagen de lo que está pasando actualmente en el mundo”. Hizo referencia al libro del Apocalipsis donde “aparece en el cielo como señal una mujer vestida de sol, con la luna a sus pies, que la Iglesia siempre la interpreta como María o la propia Iglesia, se confunden de alguna manera. María con la Iglesia, la Iglesia con la Virgen”.

También explicó el prelado que en ese libro aparece “un dragón, el demonio, porque esa mujer va a dar a luz. La Iglesia está tratando, permanentemente, de dar a luz a Jesucrito. Es el dragón, que es el demonio, que estaba pendiente de devorar al Hijo en cuanto apareciera”. Volviendo a la imagen del fuego dijo “vemos en el mundo entero que hay un gran incendio de pecado, de prescindencia de Dios y hasta de odio a Dios. Queremos vivir, en definitiva, como nos dé la realísima gana, que cada uno haga la suya, olvidando que somos criaturas, no creadores, despreciando la santa ley de Dios”.

Mons. Jaime Fuentes se mostró preocupado por el aumento de la violencia y la criminalidad. Fue enfático al decir que la raíz de estos problemas “es ese orgullo que se da el hombre, que se quiere poner en el lugar de Dios”. No dejó de marcar la contradicción que supone la alegría por el anuncio del descenso de la mortalidad infantil, y por otro lado la indiferencia ante los 10000 abortos que se realizan por año en nuestro país.

Sostuvo, además, que “se deshace el matrimonio y se ataca a la familia” y que muchas veces la actitud es decir “para que te vas a casar, no te compliques, vámonos juntos… ¿hasta cuándo?, yo que sé, hasta que nos aburramos”.

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“Lo único razonable es volver al Evangelio”

Ante este panorama, el obispo de Minas sostuvo que “lo único razonable es volver al Evangelio, escuchar a nuestra Madre del Cielo que nos está diciendo ‘Hagan lo que Él les diga’, y a Jesús que dice ‘Llenen las tinajas de agua’. Y dice el Evangelio que ellos las llenaron hasta arriba”. Explicó que “’Hagan lo que Él les diga’ quiere decir cumplan la voluntad de Dios. Y la voluntad de Dios se va concretando en algo tan ordinario como llenar una tinaja de agua corriente, pero hasta arriba”.

Mons. Jaime Fuentes remarcó que “cada uno, en su sitio, tiene que dar lo mejor. Es la cruz del Señor la que te dice ‘da un poquito más, llena tu tinaja, no te quedes en el cumplimiento nomás’ Bueno, eso es la santidad”. Precisamente sobre el tema de la santidad recordó que el Papa Francisco dice, a través de la exhortación Gaudete et exsultate, “que no pretendamos hacer cosas extraordinarias, que busquemos en lo ordinario, en la vida de todos los días, cumplir la voluntad de Dios”.

“No podemos apagar el fuego solos”

Retomando el tema del incendio en el cerro, el prelado sostuvo que “no alcanzó con tirar agua solo una vez, pasaron los helicópteros una, dos, tres veces, por los mismos lugares. Incluso una vez que terminaron quedaron focos del fuego, entonces volvieron a intervenir los bomberos, volvió a intervenir el Ejército y dale a puro chicote para apagarlo, no dejar que se extendiera”.

El obispo reflexionó que “no podemos pretender apagar un incendio cada uno por su cuenta”. Dijo que “estamos todos metidos en este incendio de prescindencia de Dios, de desprecio, de ignorancia, de olvido, de falta de temor de Dios, de ponerse uno en el lugar de Dios y hacer la suya; no podemos pretender apagar ese incendio con un baldecito de agua”.

Para Mons. Jaime Fuentes “en nuestra lucha interior y en nuestra lucha exterior, que no es una lucha de violencia sino de respeto y perdón, no podemos pretender ir solos”, necesitamos “del agua que es la gracia de Dios. Es la gracia divina y hay que empaparnos en ella”. Sostuvo además que, como en el incendio en el Cerro del Verdún, el agua debe apagar el incendio y simultáneamente empapar los lugares verdes para que el fuego no avance.

Finalizando la homilía, el prelado insistió en que necesitamos contar con la gracia de Dios, y se preguntó “¿dónde se nos da?”. La respuesta fue “de manera muy particular en la Santa Misa, en la confesión, en el pedir perdón a Dios por nuestros pecados”. “Nuestra alma necesita de la gracia de Dios para dejarnos bañar por ella”, concluyó.

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Historias del camino

En el camino hacia la Virgen nos encontramos y conversamos con algunos peregrinos. Uno de ellos es Juan que piensa que “esta es una linda experiencia y un desafío, sobre todo viendo a gente de 90 y pico de años que suben para acompañar a la Madre”. Dice que junto a su familia vino a pedirle a la Virgen y espera el año próximo venir a agradecer.

También están las historias como la de Alfredo y su familia, de Maldonado. Es la primera vez que todos juntos subían al cerro, “venimos porque tenemos que cumplir una promesa”, decía una de las hijas. “Vinimos además porque la Virgen es milagrosa y por eso confiamos en ella, en su intercesión, la verdad una muy linda experiencia”, dice la esposa de Alfredo.

Por su parte, Richard y Mónica de Villa Argentina, Canelones, peregrinan ya hace varios años al Cerro del Verdún. “Venimos siempre, por tanto cada año es un esfuerzo mayor para subir pero lo hacemos por fe, la Virgen nos ha acompañado mucho sobre todo con nuestra familia. A veces con los hijos, a veces con otros familiares, siempre venimos” relatan. Mónica dice que Richard está recién operado, lo que le obliga a realizar un mayor sacrificio para llegar a la cima, pero despacio pudo subir hasta donde está la imagen de María. “Tal vez yo sea el más religioso de la familia y trato de transmitirlo a los demás”, dice Richard.

Y también están las experiencias como la de Francisco, que llega desde Montevideo todo los años para el 19 de abril. “Vengo desde los 5 años y tengo casi 80, venían mi padre y mi abuelo. Vengo con mi esposa, que no puede subir porque anda mal de las piernas. Cuando llego a la Virgen le rezo por toda mi familia y me emociono mucho”, nos cuenta.

En definitiva, estas historias, junto a otras miles, son las que hacen que generaciones de familias que vienen al Verdún desde comienzos del siglo XX sigan concurriendo al encuentro anual con la Madre de Dios. Porque como dice Mons. Jaime Fuentes “la Virgen nos recibe con enorme amor y todos tenemos algo para agradecerle”.

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