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Jornada Mundial de la Paz 2019

Se celebró el 1° de enero y fue la 52° edición
Rezar por la paz/ Fuente: Exe Lobaiza - Cathopic

El martes 18 de diciembre, la Santa Sede publicó el texto del mensaje del Papa Francisco con motivo de la 52° Jornada Mundial de la Paz, que se celebró el 1° de enero de 2019 con el tema “La buena política al servicio de la paz”.

En el mensaje, el Santo Padre afirmó que “la política es un vehículo fundamental para edificar la ciudadanía y la actividad del hombre, pero cuando aquellos que se dedican a ella no la viven como un servicio a la comunidad humana, puede convertirse en un instrumento de opresión, marginación e incluso de destrucción”.

“Paz en esta casa”

El mensaje se divide en 7 partes. En el primero, el Papa Francisco hace referencia a una cita del Evangelio según San Lucas en el que Jesús, al enviar a sus discípulos de misión, les dijo: “Cuando entréis en una casa, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros” (Lc 10,5-6).

Para el Pontífice “La ‘casa’ mencionada por Jesús es cada familia, cada comunidad, cada país, cada continente, con sus características propias y con su historia; es sobre todo cada persona, sin distinción ni discriminación. También es nuestra ‘casa común’: el planeta en el que Dios nos ha colocado para vivir y al que estamos llamados a cuidar con interés”.

La política y la caridad

Luego, en el segundo punto, el Obispo de Roma habla sobre el papel de la política, a la que define como “un vehículo fundamental para edificar la ciudadanía y la actividad del hombre”, pero advierte que “cuando aquellos que se dedican a ella no la viven como un servicio a la comunidad humana, puede convertirse en un instrumento de opresión, marginación e incluso de destrucción”.

Por eso asegura que “La política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de la caridad”.

Más adelante, el Santo Padre recordaba las palabras de su antecesor, Benedicto XVI, que insistía en que “todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la pólis. […] El compromiso por el bien común, cuando está inspirado por la caridad, tiene una valencia superior al compromiso meramente secular y político”.

Para Su Santidad un programa político basado en la caridad es algo en lo que “pueden estar de acuerdo todos los políticos, de cualquier procedencia cultural o religiosa que deseen trabajar juntos por el bien de la familia humana, practicando aquellas virtudes humanas que son la base de una buena acción política: la justicia, la equidad, el respeto mutuo, la sinceridad, la honestidad, la fidelidad”.

Audiencia papal, 2 de enero 2019/ Vatican Media - CNA

Vicios en la política

Después, el Papa Francisco pone el foco de atención sobre los vicios en la política. Asegura que estos vicios en la vida política “restan credibilidad a los sistemas en los que ella se ejercita, así como a la autoridad, a las decisiones y a las acciones de las personas que se dedican a ella”.

Sostiene, además, “que socavan el ideal de una democracia auténtica, son la vergüenza de la vida pública y ponen en peligro la paz social: la corrupción, la negación del derecho, el incumplimiento de las normas comunitarias, el enriquecimiento ilegal, la justificación del poder mediante la fuerza o con el pretexto arbitrario de la “razón de Estado”, la tendencia a perpetuarse en el poder, la xenofobia y el racismo, el rechazo al cuidado de la Tierra, la explotación ilimitada de los recursos naturales por un beneficio inmediato, el desprecio de los que se han visto obligados a ir al exilio”.

La buena política

A continuación, el Santo Padre enfatiza que “La buena política promueve la participación de los jóvenes y la confianza en el otro”, además de “un estímulo de los jóvenes talentos y de las vocaciones que quieren realizarse, la paz se propaga en las conciencias y sobre los rostros. Se llega a una confianza dinámica, que significa “yo confío en ti y creo contigo” en la posibilidad de trabajar juntos por el bien común”.

Los migrantes y los niños víctimas de conflictos

Además, el Obispo de Roma advierte que “No son aceptables los discursos políticos que tienden a culpabilizar a los migrantes de todos los males y a privar a los pobres de la esperanza. En cambio, cabe subrayar que la paz se basa en el respeto de cada persona, independientemente de su historia, en el respeto del derecho y del bien común, de la creación que nos ha sido confiada y de la riqueza moral transmitida por las generaciones pasadas”.

Y sobre los niños que sufren las consecuencia de las guerras y los conflictos armados menciona “uno de cada seis niños sufre a causa de la violencia de la guerra y de sus consecuencias, e incluso es reclutado para convertirse en soldado o rehén de grupos armados. El testimonio de cuantos se comprometen en la defensa de la dignidad y el respeto de los niños es sumamente precioso para el futuro de la humanidad”.

Un llamado a la paz

Las últimas líneas del mensaje del Sucesor de Pedro son un llamado a la paz. Recuerda que en estos días se están celebrando los setenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que fue adoptada después de la Segunda Guerra Mundial.

El Papa Francisco sostiene que “La paz, en efecto, es fruto de un gran proyecto político que se funda en la responsabilidad recíproca y la interdependencia de los seres humanos, pero es también un desafío que exige ser acogido día tras día. La paz es una conversión del corazón y del alma”.

Para el final, el Santo Padre menciona que “La política de la paz ―que conoce bien y se hace cargo de las fragilidades humanas― puede recurrir siempre al espíritu del Magníficat que María, Madre de Cristo salvador y Reina de la paz, canta en nombre de todos los hombres: ‘Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; […] acordándose de la misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre’” (Lc 1,50-55).

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