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Jorge Cuevas y Juan A. Verde, nuevos diáconos

La ceremonia, cargada de ritos y signos, fue una fiesta para todos los presentes
Los diác. Jorge Cuevas y Juan Andrés Verde con el Card. Daniel Sturla /C. Planelles

La catedral de Montevideo estaba colmada de gente, especialmente jóvenes, que se acercaron a acompañar a sus amigos Jorge Cuevas y Juan Andrés Verde en uno de los pasos más importantes de su vida. Desde ayer estos dos hombres de 39 y 27 años respectivamente son diáconos de la Iglesia Católica. La ceremonia, cargada de ritos y signos, fue una fiesta para todos los presentes.

En la nave central estaban ubicadas las familias de los candidatos. De un lado se encontraban los Cuevas (padres, hermano, cuñada y tía), que viajaron desde Paraguay, y del otro estaban los padres, abuela y hermanos de Verde. Los futuros diáconos estaban en una silla aparte, adelante de todos, mirando hacia el altar. Allí se encontraba un numeroso grupo de sacerdotes, diáconos y seminaristas, que con gran solemnidad participaron en una ceremonia animada por el Ministerio Musical y el coro Cuatro Vientos.

El rito de la ordenación comenzó con el pedido del rector del seminario para ordenar a los candidatos. En el caso de Verde, la petición fue realizada por Mons. Milton Tróccoli, Obispo Auxiliar de Montevideo y hasta hace pocos meses rector del Seminario Interdiocesano Cristo Rey. En el caso de Cuevas, quien habló fue el P. Néstor Castell, Inspector de los Salesianos. “Según el parecer de quienes lo presentan, después de consultar al pueblo cristiano, doy testimonio de que ha sido considerado digno”, dijo cada uno de ellos a su turno. Entonces el Arzobispo contestó: “Con el auxilio de Dios y de Jesucristo, nuestro Salvador, elegimos a estos hermanos nuestros para el orden de los diáconos”.

La fecha elegida para la celebración fue la Solemnidad de San José y en su homilía el pastor hizo referencia a esta figura central del Evangelio, de quien no se recogen palabras en los textos sagrados. “Esto mismo es una señal positiva. San José nos habla con su silencio”, dijo el Cardenal Sturla.

“Muchas veces verán lo importante que es saber callar, escuchar, aprender. Seguir aprendiendo cada día (...). Será más elocuente el silencio y el gesto adecuado que la multitud de palabras”, agregó el Cardenal. En palabras del Arzobispo, el esposo de María “calla pero actúa, es hombre de silencio y de acción” que pasó por muchas vicisitudes por amor al Señor.

A continuación el Card. Sturla se detuvo en el don del celibato. “¿Es esto posible? ¿No será un cuento? (...) ¿No será hora de que la Iglesia cambie esa norma anticuada?”, preguntó sin buscar respuestas. La contestación la dio él mismo a continuación con una explicación de la belleza del celibato por el Reino de los Cielos. “Es una especial alianza de amor con el Señor y su Iglesia (...). Si viven el celibato como una opción de amor, podrán desplegar las velas de sus vidas al soplo del Espíritu Santo, Dios les dio un corazón para amar”, aseguró.

El Card. Sturla mencionó también la imagen de la lucha de banderas que usó San Ignacio de Loyola y pidió a los candidatos al diaconado no dejarse engañar y elegir siempre el estandarte que tiene el nombre de Jesús. Y a modo de conclusión, regaló a los aspirantes una oración de San Bernardo -“¡Mira a la Estrella, invoca a María!”- que invita a ponerse bajo la protección de la Madre del Cielo.

Sí, prometo

Terminada la homilía, continuó el rito de ordenación. Cuevas y Verde respondieron que querían consagrarse al servicio de la Iglesia, desempeñar con humildad y amor el ministerio de diáconos y observar el celibato.

A continuación, primero uno y luego el otro, se arrodillaron ante el Card. Sturla, que les tomó las manos y preguntó: “¿Prometes respeto y obediencia a tu obispo y a tus superiores legítimos?” A la respuesta de “Sí, prometo”, el Arzobispo agregó: “Dios, que comenzó en ti la obra buena, Él mismo la lleve a término”.

Entonces se pidió a todos los presentes rezar para que Dios derrame sus gracias sobre los llamados a ser diáconos. Cuevas y Verde se postraron en el suelo, boca abajo, mientras comenzó a sonar la letanía de los santos entonada por el P. Sebatián Ferreyra (salesiano) y acompañada por el órgano de Carlos Medina.

Cuevas (izq) y Verde (der) postrados durante la letanía de los santos /C. Planelles

Cuevas (izq) y Verde (der) postrados durante la letanía de los santos /C. Planelles

En este momento se invoca a la cohorte celestial para que proteja a los ordenandos en su misión. Hay una nómina de santos establecida y además se agrega a los santos que los implicados deseen. Es así que se pudieron escuchar los nombres de San Juan Bosco y Santa Hna. Mazzarello -patrones de los salesianos- o San Josemaría Escrivá y Beato Álvaro del Portillo -del Opus Dei-, Santo Domingo Savio o el Cura Brochero, el argentino declarado santo en 2016.

El cardenal luego impuso las manos a Cuevas y Verde y pronunció la Plegaria de Ordenación. Amigos de uno y otro acercaron al altar las vestimentas propias, la estola y la dalmática. Dos sacerdotes mayores los ayudaron a revestirse como diáconos, en medio de una emoción que se transmitía por todo el templo. El rito de la ordenación concluyó con la entrega, por parte del Card. Sturla a los diáconos Cuevas y Verde, del Evangelio: “Convierte en fe viva lo que lees, y lo que has hecho fe viva enséñalo, y cumple aquello que has enseñado”, solicitó.

Las dos familias acercaron las ofrendas al altar, que fue preparado para la consagración por los diáconos recién ordenados. La Misa transcurrió como es habitual y al momento de la comunión Verde y Cuevas también la dieron. Los primeros en comulgar de sus manos fueron, claro está, sus familiares. Después fueron pasando sus amigos y demás seres queridos.

El diácono Cuevas pasó al atril y dedicó a todos unas palabras de agradecimiento. Primero a Dios, luego a su familia, a los Salesianos, a los jóvenes. Pidió a los presentes que rezaran por él y prometió encomendar a todos los que lo acompañaron.

El diácono Verde hizo lo mismo, “todo se resume en un enorme 'gracias'". Mencionó las labores donde participó y a quienes lo acompañaron estos años. “Esto recién empieza y hasta el Cielo” “no paramos”, agregaron todos los presentes, antes de que estallara un aplauso largo.

La salida de la Iglesia era lo más parecido a un casamiento: todos buscaban saludar a los dos protagonistas que, radiantes, devolvían los abrazos y hacían promesas y pedidos de oraciones.

Diác. Jorge Manfredo Cuevas sdb /C. Planelles

Diác. Jorge Manfredo Cuevas sdb /C. Planelles

Diácono Jorge Manfredo Cuevas

Paraguayo, de 39 años, estudió y trabajó antes de sentir el llamado de Dios a partir de estar en el patio salesiano y descubrir el encanto del oratorio de Don Bosco, según lo presentó el Cardenal Sturla. Vino a Uruguay a estudiar Teología con los salesianos. El lema que eligió es de la Primera Carta del apóstol San Juan: “En esto hemos conocido el amor: en que Él dio su vida por nosotros”.

Diácono Juan Andrés Verde /C. Planelles

Diácono Juan Andrés Verde /C. Planelles

Diácono Juan Andrés Verde

Uruguayo, tiene 27 años y es del Clero. Estudió en Colegio Monte VI, luego fue al Pío y al Juan XXIII. Hizo una experiencia en el Paiva de los salesianos en Durazno. Estudió en la Universidad Católica y con el Rugby representó a Uruguay. Escribió los libros “Cartas de un Gran Amigo”, “Entre amigos” y “Entre amigos en la escuela”. Tiene tres hermanos y su lema es “Por Cristo, con Él y en Él...”

Por Carolina Bellocq

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