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Empezó el tiempo de la reconciliación

El Card. Sturla invitó a dejarse alcanzar por el cariño del Señor en esta Cuaresma
Las cenizas se imponen el primer día de Cuaresma /F. Gutiérrez

“Dios tiene el anhelo de que nos dejemos reconciliar con Él. Quiere que volvamos a Él de todo corazón y abramos nuestro espíritu a Él, que viene a salvarnos y rescatarnos, a sanar nuestras heridas. Déjense reconciliar con Dios”. Ese fue el primer consejo que el Arzobispo de Montevideo, Cardenal Daniel Sturla, dio a los presentes en la Misa de este Miércoles 14 de febrero en la Catedral Metropolitana. Hoy comienza la Cuaresma con el miércoles de Ceniza y el Cardenal invitó a responder al amor del Señor por cada uno.

Los padres Juan González y Mauricio Cabral concelebraron en la Catedral, adonde acudieron varias decenas de personas. Se destacó la presencia de familias y jóvenes, así como de mayores y trabajadores de la zona.

En una de las lecturas de la fecha, San Pablo cita la Escritura y exhorta: “En el momento favorable te escuché y en el día de la salvación te socorrí. ¡Este es el tiempo favorable! ¡Este es el tiempo de la salvación!” El Cardenal tomó este concepto y llamó a actuar con decisión: “No es el régimen que voy a comenzar el lunes siguiente. Hoy, ahora, es el tiempo favorable. Hoy es el día de la salvación. El Señor quiere encontrarse contigo. Lo quiere apasionadamente porque te ama con un amor loco. Quiere de tu amor”.

Las cenizas se hacen a partir de los ramos de olivos del Domingo de Ramos anterior /F. Gutiérrez

Las cenizas se hacen a partir de los ramos de olivos del Domingo de Ramos anterior /F. Gutiérrez

Indicó que parte de la Cuaresma consiste en vivir lo que pide la Iglesia, pero aseguró que lo fundamental es disponer el corazón para la reconciliación con Dios en este “tiempo favorable”, sin dejarlo “para mañana o para más adelante”. Lo demás, por supuesto que ayuda. Esto es la abstinencia de carne los viernes; el ayuno este miércoles, el Viernes Santo y el 23 de febrero (una reciente iniciativa del Papa Francisco); o intentar ponerse algún propósito o mortificación, entre otros.

En segundo término, el Arzobispo se refirió al llamado del Papa a no dejar que se enfríe el corazón. “Lo terrible de la vida cristiana es que se nos enfríe el corazón. Cuando eso sucede, no nos interesa lo que le pasa al otro -que puede estar al lado mío o del otro lado de la Avenida-. Ese es el corazón frío, trono de Satanás. En cambio los corazones ardientes, llenos de amor a Dios y al prójimo, son los que el Espíritu Santo llena de su amor para que después se transforme en acciones concretas”, complementó.

El tercer punto de su homilía remitió al Evangelio de la fecha, donde se llama a ayunar, rezar o dar limosna de cara a Dios, de modo sincero. “No para ser visto, que te aplaudan o digan ¡qué bien! Porque el que ve en el corazón es solamente Dios. Y más allá de las apariencias de todo lo que podemos hacer, este tiempo de Cuaresma es un tiempo de encuentro personal con el Dios que no se deja engañar. Porque Dios penetra en los secretos más íntimos del corazón”, invitó.

“Dejémonos reconciliar con Dios en este tiempo favorable. Que nuestro coazón arda de amor y no sea un hielo más en el trono de la indiferencia, y que tengamos la sinceridad de corazón ante Dios que viene a sanarnos, a curarnos”, resumió poco antes de terminar su homilía.

Su deseo final para todos los presentes fue que las cenizas y las palabras con las que se impondrían -la fórmula elegida fue “conviértete y cree en el Evangelio”- “se haga carne de nuestra carne y la podamos vivir a fondo. No como un peso sobre nuestros hombros sino como un regalo que Dios me hace. En definitiva, vivir según el Evangelio es lo que nos hace plenamente felices”.

Llamado a la conversión

Acto seguido, el Cardenal bendijo las cenizas, hechas de los ramos de olivos del pasado Domingo de Ramos. Y uno a uno, todos los presentes se acercaron hasta el presbiterio y tanto el Cardenal como el P. González les impusieron esas cenizas en forma de cruz en la frente, mientras pronunciaban esa frase de la primera predicación de Jesús. El P. Cabral sostenía el libro de los Evangelios, que los fieles besaban en señal de reverencia.

/F. Gutiérrez

/F. Gutiérrez

Este rito se inspira en tiempos pretéritos, cuando los pecadores convertidos se cubrían con ceniza para reconocer su fragilidad y necesidad de la misericordia de Dios. La Iglesia lo conserva, más que como un gesto exterior, como un signo de la actitud del corazón penitente a la que los cristianos están llamados en la Cuaresma. Es un gesto que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual.

A partir de ahora en las Misas predominará el color morado, que en la liturgia simboliza la penitencia y esperanza. Es el color propio de la Cuaresma y del Adviento, dos períodos en los que la Iglesia invita de modo especial a la conversión y penitencia de cara a la gran alegría que llegará con la Pascua y con la Navidad, respectivamente.

Commentario(1)

  1. Cecilia Soler says

    Muy bueno el video. Me ayuda mucho que sea tan concreto. Muchas gracias.

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