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Ecumenismo: camino hacia la unidad

El Papa Francisco en el 70° aniversario del Consejo Mundial de Iglesias
Encuentro ecuménico en Ginebra/ Fuente: Vatican Media/CNA

El jueves 21 de junio, el Papa Francisco participó del 70° Aniversario de la fundación del Consejo Mundial de Iglesias (WCC, por sus siglas en inglés), que se celebró en Ginebra, Suiza. El Papa Francisco es el tercer Pontífice que visita el WCC, después de Pablo VI (el 10 de junio de 1969) y Juan Pablo II (el 15 de junio de 1982). «Caminar, rezar y trabajar juntos» fue el lema del viaje papal.

Durante esta breve peregrinación, el Sumo Pontífice tuvo un encuentro privado con el presidente de la Confederación Suiza, participó de la oración con líderes de varias Iglesias cristianas y luego de un encuentro ecuménico. Compartimos con ustedes pasajes del discurso que brindó el Santo Padre en este encuentro.

La reconciliación como manifestación de la fraternidad

Al comenzar su alocución, el Papa Francisco mencionó que “En la Biblia, setenta años evocan un período de tiempo cumplido, signo de la bendición de Dios. Pero setenta es también un número que hace aflorar en la mente dos célebres pasajes evangélicos. En el primero, el Señor nos ha mandado perdonarnos no siete, sino ‘hasta setenta veces siete’ (Mt 18,22)”.

Prosiguió el Pontífice diciendo, “El número no se refiere desde luego a un concepto cuantitativo, sino que abre un horizonte cualitativo: no mide la justicia, sino que inaugura el criterio de una caridad sin medida, capaz de perdonar sin límites. Esta caridad que, después de siglos de controversias, nos permite estar juntos, como hermanos y hermanas reconciliados y agradecidos con Dios nuestro Padre”.

Más adelante, el Obispo de Roma dijo: “Somos los depositarios de la fe, de la caridad, de la esperanza de tantos que, con la fuerza inerme del Evangelio, han tenido la valentía de cambiar la dirección de la historia, esa historia que nos había llevado a desconfiar los unos de los otros y a distanciarnos recíprocamente, cediendo a la diabólica espiral de continuas fragmentaciones”.

Remarcó además que el Espíritu Santo es el inspirador y guía del ecumenismo. Sobre el ecumenismo destacó: “la dirección ha cambiado y se ha trazado de manera indeleble un camino nuevo y antiguo a la vez: el camino de la comunión reconciliada, hacia la manifestación visible de esa fraternidad que ya une a los creyentes”.

“La Iglesia de Cristo crece por atracción”

El otro punto que el número setenta ofrece en el Evangelio se refiere a los discípulos que Jesús envió a la misión durante su ministerio público (Lc 10,1). El Papa explicó que “el número de estos discípulos remite a las naciones conocidas, enumeradas al comienzo de la Escritura (cf. Gn 10)”. Sugirió además que “la misión está dirigida a todos los pueblos y que cada discípulo, por ser tal, debe convertirse en apóstol, en misionero”.

Para el Papa Francisco el modo como se realiza la misión cambia según los tiempos y los lugares, pero recordó: “frente a la tentación ―lamentablemente frecuente―, de imponerse siguiendo lógicas mundanas, conviene recordar que la Iglesia de Cristo crece por atracción”. Explicó que dicha atracción no surge “en nuestras ideas, estrategias o programas. No se cree en Jesucristo mediante un acuerdo de voluntades y el Pueblo de Dios no es reductible al rango de una organización no gubernamental. No, la fuerza de atracción radica en aquel don sublime que conquistó al apóstol Pablo: ‘conocerlo a él [Cristo], y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos’ (Flp 3,10)”.

El Santo Padre mencionó que como cristianos necesitamos un nuevo impulso evangelizador, que entre otras cosas, traerá la unidad entre los cristianos. “Estamos llamados a ser un pueblo que vive y comparte la alegría del Evangelio, que alaba al Señor y sirve a los hermanos, con un espíritu que arde por el deseo de abrir horizontes de bondad y de belleza insospechados para quien no ha tenido aún la gracia de conocer verdaderamente a Jesús”, añadió.

Fuente: Vatican Media/CNA

“Caminar, razar y trabajar juntos”

Luego el Pontífice se detuvo en el lema de la jornada: “Caminar, rezar y trabajar juntos”. Sobre la palabra caminar, el Papa Francisco propuso un doble movimiento de entrada y de salida. “De entrada, para dirigirnos constantemente hacia el centro, para reconocernos sarmientos injertados en la única vid que es Jesús (cf. Jn 15,1-8). No daremos fruto si no nos ayudamos mutuamente a permanecer unidos a él. De salida, hacia las múltiples periferias existenciales de hoy, para llevar juntos la gracia sanadora del Evangelio a la humanidad que sufre”, explicó.

Sobre la palabra rezar, el Obispo de Roma aseguró: “en la oración, como en el camino, no podemos avanzar solos, porque la gracia de Dios, más que hacerse a medida individual, se difunde armoniosamente entre los creyentes que se aman. Cuando decimos ‘Padre nuestro’ resuena dentro de nosotros nuestra filiación, pero también nuestro ser hermanos. La oración es el oxígeno del ecumenismo”.

Además, Su Santidad mencionó y agradeció todo el trabajo que se viene realizando desde distintas instituciones y comisiones ecuménicas. Destacó, como signo positivo de “armonía ecuménica”, “la creciente adhesión a la Jornada de oración por el cuidado de la creación”.

Diakonia

Por otra parte, el Papa Francisco mencionó que “el trabajo típicamente eclesial tiene un sinónimo bien definido: diakonia. Es el camino por el que seguimos al Maestro, que ‘no ha venido a ser servido, sino a servir’ (Mc 10,45)”.

Para el Pontífice “La credibilidad del Evangelio se ve afectada por el modo cómo los cristianos responden al clamor de todos aquellos que, en cualquier rincón de la tierra, son injustamente víctimas del trágico aumento de una exclusión que, generando pobreza, fomenta los conflictos”.

Explicó que “Mientras los débiles son cada vez más marginados, sin pan, trabajo ni futuro, los ricos son cada vez menos y más ricos. Dejémonos interpelar por el llanto de los que sufren, y sintamos compasión, porque ‘el programa del cristiano es un corazón que ve’ (Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est, 31)”.

Sobre el final de su mensaje, el Obispo de Roma explicó que el camino del ecumenismo tiene una meta precisa: la unidad. “La vía contraria, la de la división, conduce a guerras y destrucciones. Basta con leer la historia”, añadió. “El Señor nos pide unidad; el mundo, desgarrado por tantas divisiones que afectan principalmente a los más débiles, invoca unidad”, concluyó.

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