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“Cuando estaba con la remera de Espartanos me miraba al espejo y no me veía la cicatriz”

Fundación Espartanos vincula el rugby y la fe en cárceles de cinco países
Eduardo Oderigo, Jorge Mendizábal, Eugenia Mones, Emiliano Garrido y Federico Gallardo.

La Fundación Espartanos, que surgió en Argentina en 2009, es una asociación sin fines de lucro que busca bajar la tasa de reincidencia delictiva promoviendo la integración, socialización y acompañamiento de personas privadas de su libertad a través del rugby, la educación, el trabajo y la espiritualidad. En el mes de junio algunos de sus directivos y exjugadores del equipo de rugby Espartanos viajaron a Montevideo para difundir su proyecto y comentar los logros obtenidos con personas privadas de libertad gracias al vínculo de la fe y el deporte. En la siguiente entrevista algunos de sus miembros cuentan su testimonio espartano.

¿Cuál fue su primer vínculo con el proyecto Espartanos?

Eduardo Oderigo: Estoy en el proyecto desde su surgimiento, en marzo del año 2009. Yo jugaba al rugby en el San Isidro Club de Buenos Aires, desde muy chico… después fui entrenador. Con Espartanos comenzamos en una cárcel de máxima seguridad en la Provincia de Buenos Aires y éramos dos voluntarios. El primer entrenamiento de rugby fue con diez personas que estaban detenidas. Con el tiempo se empezaron a sumar más jugadores y conformamos el equipo Espartanos y sumamos la fe al deporte, con el rezo del Santo Rosario. Luego agregamos la preparación de los reclusos en oficios, y las prácticas y salidas laborales que consisten en que las empresas le brinden trabajo a los que salen en libertad.

Federico Gallardo: Me involucré con el proyecto en el año 2015 gracias a mi padre, que era uno de los que iba a rezar el Rosario todos los viernes a las cárceles. Me invitó a ir varias veces y al comienzo le decía que no porque tenía muchos prejuicios y creía que entrar en ese lugar era perder el tiempo… para mí era más importante gastar ese tiempo de acción social en un merendero, en un hogar de abuelos o en cualquier otra cosa. Pero la realidad es que una vez que decidí acompañar a mi padre y entré por primera vez a una cárcel, me cambió ese pensamiento… y a partir de ahí empecé a valorar un montón de cosas que yo tenía. Visitando la cárcel me encontré con personas que no habían tenido las mismas oportunidades que yo tuve. Empecé a darme cuenta de que nací en un lugar donde yo no hice nada para tener a mis padres, amigos, educación, amor, valores, una casa… y del otro lado había gente que tampoco había hecho nada para nacer con padres drogadictos o sin educación. Entonces me dije a mí mismo: ¿desde qué lado puedo juzgar a una persona que no tuvo las mismas oportunidades que yo?

Emiliano Garrido: Conocí Espartanos estando preso. Estuve dos años y medio recorriendo varias cárceles como Cierra Chica, Varela, Magdalena… y después tuve la suerte de llegar a San Martín, donde me quedaba más cerca de mi familia.  A mí no me gustaba mucho el rugby, pero yo era una persona muy pícara, muy despierta para el delito y veía que, entrando en Espartanos, podía salir en libertad más rápido. Le pregunté a “Coco” (Eduardo Oderigo) si me dejaba entrenar, accedió y empecé. Pedí libros de rugby y estudié las reglas y las posiciones dentro de la cancha, y así le iba enseñando a todos los jugadores en qué posición podrían jugar según sus físicos… y me gané mi lugar en el pabellón.

Fundación Espartanos

Fundación Espartanos

¿Cómo es la actualidad de Espartanos hoy y cómo ha ayudado a los privados de libertad en su proceso dentro de las cárceles?

Eduardo: Hoy en día hay 2.500 personas detenidas que están jugando en 60 cárceles, en 17 provincias de Argentina y en cinco países (Argentina, España, Kenia, El Salvador y Perú). Además, contamos con 650 voluntarios y con empresas que brindan trabajo a 202 personas. Todos los años tenemos un campeonato intercarcelario, un “Seven”, entre las diferentes cárceles. Se hace una primera clasificación por zonas, y los ganadores de cada zona compiten en las finales a fin de año.

Emiliano: Espartanos me cambió la mente. Yo antes me automarginaba de la sociedad al momento de pedir un empleo, por esta cicatriz que tengo en la cara. Creía que no me iban a tomar en ningún lado y eso me bloqueó muchas veces al momento de ir a pedir trabajo, antes de entrar a la cárcel. Cuando estaba con la remera de Espartanos era el momento en el que me miraba al espejo y no me veía la cicatriz que tengo en la cara, me sentía capaz de salir y encarar a cualquiera. Me hizo romper ese gran prejuicio que tenía desde que era chico.

Durante un tiempo tuve la suerte de ser capitán de los Espartanos, una experiencia muy buena y que me generó una responsabilidad grande. Fui un ejemplo para los pibes que estaban ahí. Cuando entré a la cárcel, ingresé por 14 años, luego me bajaron la pena a siete años y por buena conducta me fui luego de los cinco años. Ya hace tres años que estoy afuera y trabajando en el mismo lugar desde que salí, en el Club Deportivo Santa Bárbara en la zona industrial de Tigre, en Buenos Aires. Me casé hace un año con la mujer de toda mi vida, la que  me aguantó siempre. Estamos juntos desde hace más de siete años y tenemos cuatro hijos.

¿Cómo se involucra el deporte con la fe?

Eduardo: Involucrar el rezo del Santo Rosario fue muy importante. Tenemos más de 100 laicos que semanalmente visitan las cárceles y rezan junto a más de 400 personas privadas de libertad, los días viernes a la mañana.

Emiliano: Al principio yo no le daba importancia al Rosario. Era de los que se reunían, comían unos bizcochos y se iban antes de que terminara el primer misterio. Siempre creí en Dios, pero no era practicante. Todo cambió para mí un día en que teníamos que salir a jugar un partido importante fuera de la cárcel y empezó a llover. Por miedo a la fuga, no nos sacaban cuando llovía. Entonces uno de los compañeros agarró una imagen de la Virgen María que tenemos, que llamamos la “Virgen del rugby”, y en un rincón se puso a rezar para que parara de llover… y paró a los minutos y pudimos jugar. Ahí dije: “Le voy a dar una chance a la Virgen”, y me ha ayudado.

Ahora visito cárceles dos veces al mes y hablo con los chicos que están privados de libertad, en el lugar donde estuve yo. Les digo que crean, que recen, que Dios los va a sacar cuando estén realmente preparados para salir. Dios conoce los corazones y las debilidades de cada uno. Cuando salí me vinieron a ofrecer para volver a delinquir, pero yo estaba fortalecido y Dios sabía que yo no iba a aceptar. Pero de eso se trata el libro, de no permanecer caídos.

Federico escribió un libro después de que parte del equipo visitara al Papa Francisco en Roma…

Federico: Así es. Cuando iba de voluntario a rezar el Rosario en las cárceles empecé a escribir sobre las historias de los privados de libertad en un block de notas. Luego fuimos a ver al Papa Francisco y, estando allá en Roma, uno de los coordinadores de Espartanos me propuso que escribiera un libro con testimonios de los jugadores. Viajamos a Roma 30 personas para visitar al Papa Francisco: 10 espartanos que estaban en libertad pero que seguían jugando, varios voluntarios, el director y subdirector de un penal, y un juez que había tenido varias causas de los chicos. Tuvimos una recepción en un living con Francisco durante una hora y media. Cuando el Papa vio que estábamos todos juntos, personas de distintas clases sociales y demás, dijo: “Esta es la verdadera integración donde no hay uno que sea mejor que otro, donde todos somos iguales. Hay que replicar esto en todo el mundo”.

Después de seis meses de escritura lanzamos el libro No permanecer caído, en noviembre de 2017. Atribuimos el título a una frase que nos dijo el Papa Francisco en la visita. En este libro se cuenta toda la historia del proyecto Espartanos y 15 testimonios de protagonistas: de cómo cambiaron su vida gracias al rugby y a la fe. No todos los testimonios son exitosos… se cuentan dos historias de chicos que salieron en libertad, estuvieron con el Papa y luego volvieron a caer presos. Lo cuento para mostrar que no siempre es todo color de rosas en Espartanos.

¿Cómo repercutieron las palabras del Santo Padre en ustedes?

Federico: Vamos creciendo y replicando el proyecto, como nos pidió. Como Fundación, vamos creciendo en el número de cárceles en las que estamos en Argentina y ya estamos en cinco países. Me di cuenta de que este proyecto me cambió la vida y mi forma de pensar, me siento un agradecido de lo que tengo y de todo lo que me pasa. A los chicos privados de libertad también les cambia la vida, de verdad. Siempre hablamos de una “espiritualidad espartana”. Es un concepto que engloba muchos aspectos y lo importante es meterse para adentro, trabajar los valores y ablandar el corazón, que la verdad es que en la cárcel se va endureciendo. En una de las cárceles hay un interno que dice que fue engañado y que atrás de la pelota de rugby estaba la Virgen María… y que conocer a la Virgen le cambió la vida.

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