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Comenzó el Sínodo de los Jóvenes

Se llevará adelante del 3 al 28 de octubre
Misa de apertura del XV Sínodo general de los obispos/ Fuentes: Daniel Ibáñez - CNA

El miércoles 3 de octubre, en la Plaza San Pedro, se celebró la Misa de que dio inicio de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, dedicado a los Jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. Presidida por el Papa Francisco, contó con la presencia de los 266 padres sinodales que trabajarán hasta el próximo 28 de octubre en un documento conclusivo.

Guiados por el Espíritu Santo

«El Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho» (Jn. 14,26). Con estas palabras del evangelista Juan, el Santo Padre comenzaba su homilía, recordando a los presentes que el propio Espíritu “será el primero en custodiar y mantener siempre viva y actuante la memoria del Maestro en el corazón de los discípulos”.

Además, el Pontífice llamó a los presentes a pedir con insistencia al Paráclito “que nos ayude a hacer memoria y a reavivar esas palabras del Señor que hacían arder nuestro corazón”. “Memoria que despierte y renueve en nosotros la capacidad de soñar y esperar. Porque sabemos que nuestros jóvenes serán capaces de profecía y de visión en la medida que nosotros, ya mayores o ancianos, seamos capaces de soñar y así contagiar y compartir esos sueños y esperanzas que anidan en el corazón”, añadió.

Siguiendo su alocución, el Papa Francisco pidió al Espíritu de Dios “que nos dé la gracia de ser memoria operante, viva, eficaz, que de generación en generación no se deja asfixiar ni aplastar por los profetas de calamidades y desventuras ni por nuestros propios límites, errores y pecados, sino que es capaz de encontrar espacios para encender el corazón y discernir los caminos del Espíritu”.

Destacó la presencia en este Sínodo de dos obispos de China Continental. Algo inédito hasta el momento. “Démosles nuestra afectuosa bienvenida: gracias a su presencia, la comunión de todo el Episcopado con el Sucesor de Pedro es aún más visible”, manifestó.

Fuente: Daniel Ibáñez - CNA

Esperanza y entusiasmo

El Obispo de Roma se mostró esperanzado al comenzar un nuevo encuentro eclesial “capaz de ensanchar horizontes, dilatar el corazón y transformar aquellas estructuras que hoy nos paralizan, nos apartan y alejan de nuestros jóvenes, dejándolos a la intemperie y huérfanos de una comunidad de fe que los sostenga, de un horizonte de sentido y de vida”.

Reafirmó el Sucesor de Pedro que “La esperanza nos interpela, moviliza y rompe el conformismo del ‘siempre se hizo así’ y nos pide levantarnos para mirar de frente el rostro de nuestros jóvenes y las situaciones en las que se encuentran. La misma esperanza nos pide trabajar para revertir las situaciones de precariedad, exclusión y violencia a las que están expuestos nuestros muchachos”.

Según el Papa Francisco, los jóvenes “piden y reclaman una entrega creativa, una dinámica inteligente, entusiasta y esperanzadora, y que no los dejemos solos en manos de tantos mercaderes de muerte que oprimen sus vidas y oscurecen su visión”.

“Ampliar la mirada”

Explicó el Santo Padre que para tener esta actitud de entrega creativa la Iglesia debe estar alerta y “velar para que no domine la lógica de autopreservación y autorreferencialidad que termina convirtiendo en importante lo superfluo y haciendo superfluo lo importante. El amor por el Evangelio y por el pueblo que nos fue confiado nos pide ampliar la mirada”.

El Pontífice insistió en que una escucha sincera, orante y con el menor número de prejuicios y presupuestos permitirá a los Padres sinodales entrar en comunión con las diferentes situaciones que vive el Pueblo de Dios. “Esta actitud nos defiende de la tentación de caer en posturas ‘eticistas’ o elitistas, así como de la fascinación por ideologías abstractas que nunca coinciden con la realidad de nuestros pueblos”, afirmó.

La escucha y la memoria

El Obispo de Roma le recordó a los Padre sinodales que “muchos de nosotros éramos jóvenes o comenzábamos los primeros pasos en la vida religiosa al finalizar el Concilio Vaticano II. A los jóvenes de aquellos años les fue dirigido el último mensaje de los padres conciliares”.

Así fue que citó algunas palabras de ese momento crucial para la Iglesia: “Es para ustedes los jóvenes, sobre todo para ustedes, porque la Iglesia acaba de alumbrar en su Concilio una luz, luz que alumbrará el porvenir. La Iglesia está preocupada porque esa sociedad que van a constituir respete la dignidad, la libertad, el derecho de las personas, y esas personas son ustedes […]”.

Finalmente llamó a los presentes a rezar : “Hermanos y hermanas: Pongamos este tiempo bajo la materna protección de la Virgen María. Que ella, mujer de la escucha y la memoria, nos acompañe a reconocer las huellas del Espíritu para que, ‘sin demora’, entre los sueños y esperanzas, acompañemos y estimulemos a nuestros jóvenes para que no dejen de profetizar”.

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