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Christus Vivit: “¡Él vive y te quiere vivo!”

Resumen de la exhortación apostólica del Papa Francisco dedicada a los jóvenes y a todo el Pueblo de Dios
El Papa Francisco con jóvenes de distintos continentes./ Fuente: Vatican Media/ CNA

El martes 2 de abril, en el Vaticano, se presentó la exhortación apostólica postsinodal del Papa Francisco Christus Vivit, dedicada a los jóvenes y a todo el Pueblo de Dios. La carta del Pontífice recoge todo el trabajo realizado en el Sínodo de Obispos realizado en octubre de 2018. Son 9 capítulos y un pequeño, pero contundente, mensaje final; en total 299 apartados.

Se trata de la cuarta exhortación apostólica del actual Obispo de Roma. Las anteriores fueron: Gaudete et exultate, sobre el llamado a la santidad en el mundo actual (2018); Amoris laetitia, sobre el amor en la familia (2016); y Evangelii Gaudium, sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual (2013).

Capítulo primero: ¿Qué dice la Palabra de Dios sobre los jóvenes?

El Papa Francisco realiza un recorrido a través de varios pasajes bíblicos, desde el Génesis hasta las cartas de los apóstoles, en los que la figura del joven es puesta en el centro. Sueños, esperanzas, desilusiones, miedos y alegrías aparecen expuestos en este capítulo. Además aparece expuesta la presencia de Dios en la vida de cada joven.

Aquí hay un ejemplo, en los apartados 15 y 16, de relacionamiento sano entre los adultos (padres, abuelos) y los jóvenes que destaca el Sumo Pontífice en esta exhortación:

“La Palabra de Dios dice que a los jóvenes hay que tratarlos ‘como a hermanos’ (1 Tm. 5,1), y recomienda a los padres: ‘No exasperen a sus hijos, para que no se desanimen’ (Col. 3,21). Un joven no puede estar desanimado, lo suyo es soñar cosas grandes, buscar horizontes amplios, atreverse a más, querer comerse el mundo, ser capaz de aceptar propuestas desafiantes y desear aportar lo mejor de sí para construir algo mejor. Por eso insisto a los jóvenes que no se dejen robar la esperanza, y a cada uno le repito: ‘que nadie menosprecie tu juventud’ (1 Tm. 4,12).

“Sin embargo, al mismo tiempo a los jóvenes se les recomienda: ‘Sean sumisos a los ancianos’ (1 P. 5,5). La Biblia siempre invita a un profundo respeto hacia los ancianos, porque albergan un tesoro de experiencia, han probado los éxitos y los fracasos, las alegrías y las grandes angustias de la vida, las ilusiones y los desencantos, y en el silencio de su corazón guardan tantas historias que nos pueden ayudar a no equivocarnos ni engañarnos por falsos espejismos”.

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Daniel Ibáñez/ CNA

Capítulo segundo: Jesús siempre joven

En este capítulo el Obispo de Roma pone el foco en la adolescencia y juventud de Jesús a través de algunos pasajes del Nuevo Testamento. Habla también sobre la juventud como el momento no sólo de soñar y proyectarse, sino también de realización de los proyectos y de la misión que Dios tiene para cada uno. Jesús y su juventud como ejemplo para cada joven.

También se destaca la figura de María, que dio su sí a Dios siendo muy joven y esto la convierte en modelo para toda la Iglesia. El Papa dice: “Ser joven, más que una edad es un estado del corazón. De ahí que una institución tan antigua como la Iglesia pueda renovarse y volver a ser joven en diversas etapas de su larguísima historia”. Recuerda, además, que en los momentos de mayor oscuridad la Iglesia se renueva volviendo “a lo esencial del primer amor”.

En la carta el Sucesor de Pedro trae a la memoria algunos santos y beatos que durante su juventud descubrieron al Señor entregando su vida y corazón a él. Para esto acude a varios momentos en la historia del cristianismo, comenzando por san Sebastián en el siglo III y finalizando con la beata Chiara Badano, fallecida en 1990.

Capítulo tercero: Ustedes son el ahora de Dios

“Después de recorrer la Palabra de Dios, no podemos decir sólo que los jóvenes son el futuro del mundo. Son el presente, lo están enriqueciendo con su aporte”. Con estas palabras el Santo Padre comienza el tercer capítulo, uno de los más extensos de la exhortación, en el que da una mirada positiva de la juventud y hace un recorrido por la realidad en la que viven los jóvenes.

En el apartado 66 sostiene: “Hoy los adultos corremos el riesgo de hacer un listado de calamidades, de defectos de la juventud actual. Algunos podrán aplaudirnos porque parecemos expertos en encontrar puntos negativos y peligros. ¿Pero cuál sería el resultado de esa actitud? Más y más distancia, menos cercanía, menos ayuda mutua”.

Advierte el Papa que existen muchos tipos de juventudes, muchas realidades culturales, demográficas y de contextos, incluso dentro de un mismo país. Y agrega que “’la juventud’ no existe, existen los jóvenes con sus vidas concretas. En el mundo actual, lleno de progresos, muchas de esas vidas están expuestas al sufrimiento y a la manipulación”.

Plantea el Pontífice que la juventud vive en un mundo que está en crisis. En muchos casos son víctimas “de la violencia en una innumerable variedad de formas: secuestros, extorsiones, crimen organizado, trata de seres humanos, esclavitud y explotación sexual, estupros de guerra, etc”. “Son muchos los jóvenes que, por constricción o falta de alternativas, viven perpetrando delitos y violencias: niños soldados, bandas armadas y criminales, tráfico de droga, terrorismo, etc. Esta violencia trunca muchas vidas jóvenes”, agrega.

En otros apartados profundiza sobre los jóvenes que son ideologizados y son utilizados como “carne de cañón” por intereses y poderes económicos. Y hace un llamado urgente: “No seamos una Iglesia que no llora frente a estos dramas de sus hijos jóvenes. Nunca nos acostumbremos, porque quien no sabe llorar no es madre. Nosotros queremos llorar para que la sociedad también sea más madre, para que en vez de matar aprenda a parir, para que sea promesa de vida. Lloramos cuando recordamos a los jóvenes que ya han muerto por la miseria y la violencia, y le pedimos a la sociedad que aprenda a ser madre solidaria. Ese dolor no se va, camina con nosotros, porque la realidad no se puede esconder. Lo peor que podemos hacer es aplicar la receta del espíritu mundano que consiste en anestesiar a los jóvenes con otras noticias, con otras distracciones, con banalidades”.

Capítulo cuarto: El gran anuncio para todos los jóvenes

Este capítulo recoge el anuncio más importante de la Iglesia, “eso que nunca se debería callar”, dice el Papa. Y este anuncio incluye tres grandes verdades.

Para la primera verdad habla directamente a los jóvenes: “Ante todo quiero decirle a cada uno: ‘Dios te ama’. Si ya lo escuchaste no importa, te lo quiero recordar: Dios te ama. Nunca lo dudes, más allá de lo que te suceda en la vida. En cualquier circunstancia, eres infinitamente amado”. Y más adelante afirma: “Su amor es tan real, tan verdadero, tan concreto, que nos ofrece una relación llena de diálogo sincero y fecundo”.

Como segunda verdad asegura que “Cristo te salva”. Explica el Santo Padre que por amor, entregándose hasta el final, Jesús nos salvó y nos salva de nuestros pecados. Y este amor que salva no es algo que se pueda comprar o merecer, sino que se entrega gratuitamente, más allá de nuestras debilidades y contradicciones.

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Hay una tercera verdad que expone el Obispo de Roma y que deriva de la anterior: “¡Cristo vive!”. El Pontífice argumenta: “Hay que volver a recordarlo con frecuencia, porque corremos el riesgo de tomar a Jesucristo sólo como un buen ejemplo del pasado, como un recuerdo, como alguien que nos salvó hace dos mil años. Eso no nos serviría de nada, nos dejaría iguales, eso no nos liberaría”.

Por el contrario, llama a cada joven a contemplar “a Jesús feliz, desbordante de gozo. Alégrate con tu Amigo que triunfó. Mataron al santo, al justo, al inocente, pero Él venció. El mal no tiene la última palabra. En tu vida el mal tampoco tendrá la última palabra, porque tu Amigo que te ama quiere triunfar en ti. Tu salvador vive”.

El Papa Francisco insta a los jóvenes a invocar cada día al Espíritu Santo para que les recuerde cada día este gran anuncio de salvación. “Él puede cambiar tu vida, puede iluminarla y darle un rumbo mejor”, afirma.

Capítulo quinto: Caminos de juventud

En este capítulo el Santo Padre define a la juventud como “un tiempo bendito para el joven y una bendición para la Iglesia y el mundo. Es una alegría, un canto de esperanza y una bienaventuranza. Apreciar la juventud implica ver este tiempo de la vida como un momento valioso y no como una etapa de paso donde la gente joven se siente empujada hacia la edad adulta”.

Pero, además, el Papa Francisco habla de esta etapa como un momento en el que aparece una “inquietud insatisfecha, junto con el asombro por lo nuevo que se presenta en el horizonte, abre paso a la osadía que los mueve a asumirse a sí mismos, a volverse responsables de una misión. Esta sana inquietud que se despierta especialmente en la juventud sigue siendo la característica de cualquier corazón que se mantiene joven, disponible, abierto”.

También el Sucesor de Pedro habla de la importancia de vivir los pequeños regalos que Dios nos hace día a día. Y aclara: “No se trata de ser un insaciable que siempre está obsesionado por más y más placeres. Al contrario, porque eso te impedirá vivir el presente. La cuestión es saber abrir los ojos y detenerte para vivir plenamente y con gratitud cada pequeño don de la vida”.

Para el Obispo de Roma “La amistad con Jesús es inquebrantable. Él nunca se va, aunque a veces parece que hace silencio. Cuando lo necesitamos se deja encontrar por nosotros y está a nuestro lado por donde vayamos. Porque Él jamás rompe una alianza”. Es, en definitiva, una amistad en la que el joven dialoga confiadamente con Jesús, compartiendo su vida, sus sueños, sus deseos, sus miedos y frustraciones. “La oración nos permite contarle todo lo que nos pasa y quedarnos confiados en sus brazos”, asegura el Papa.

Otro aspecto acentuado es el lugar que el joven ocupa en la sociedad. El Santo Padre recuerda que “El Sínodo reconoció que ‘aunque de forma diferente respecto a las generaciones pasadas, el compromiso social es un rasgo específico de los jóvenes de hoy. Al lado de algunos indiferentes, hay muchos otros dispuestos a comprometerse en iniciativas de voluntariado, ciudadanía activa y solidaridad social, que hay que acompañar y alentar para que emerjan los talentos, las competencias y la creatividad de los jóvenes y para incentivar que asuman responsabilidades’”. Todo esto implica un compromiso no sólo en la Iglesia, sino también en la familia, en la sociedad y en la política (sea esta partidaria o no).

Sobre el testimonio de los jóvenes, el Papa Francisco los llama a ser misioneros valientes. Mediante una pregunta los insta a compartir su fe: “¿Por qué no hablar de Jesús, por qué no contarles a los demás que Él nos da fuerzas para vivir, que es bueno conversar con Él, que nos hace bien meditar sus palabras? Jóvenes, no dejen que el mundo los arrastre a compartir sólo las cosas malas o superficiales. Ustedes sean capaces de ir contracorriente y sepan compartir a Jesús, comuniquen la fe que Él les regaló”.

Fuente: Exe Lobaiza/ Cathopic

Capítulo sexto: Jóvenes con raíces

En este apartado el Obispo de Roma llama a los jóvenes a tener fuertes vínculos con su pasado, su familia (especialmente con los más ancianos), su tierra y su patria, para no ser embaucados porque “Así funcionan las ideologías de distintos colores, que destruyen (o de-construyen) todo lo que sea diferente y de ese modo pueden reinar sin oposiciones”.

Pero además el Papa Francisco llama a realizar un descubrimiento maravilloso en lo cotidiano: “Queridos jóvenes, no acepten que usen su juventud para fomentar una vida superficial, que confunde la belleza con la apariencia. Mejor sepan descubrir que hay hermosura en el trabajador que vuelve a su casa sucio y desarreglado, pero con la alegría de haber ganado el pan de sus hijos. Hay una belleza extraordinaria en la comunión de la familia junto a la mesa y en el pan compartido con generosidad, aunque la mesa sea muy pobre. Hay hermosura en la esposa despeinada y casi anciana, que permanece cuidando a su esposo enfermo más allá de sus fuerzas y de su propia salud. Aunque haya pasado la primavera del noviazgo, hay hermosura en la fidelidad de las parejas que se aman en el otoño de la vida, en esos viejitos que caminan de la mano. Hay hermosura, más allá de la apariencia o de la estética de moda, en cada hombre y en cada mujer que viven con amor su vocación personal, en el servicio desinteresado por la comunidad, por la patria, en el trabajo generoso por la felicidad de la familia, comprometidos en el arduo trabajo anónimo y gratuito de restaurar la amistad social. Descubrir, mostrar y resaltar esta belleza, que se parece a la de Cristo en la cruz, es poner los cimientos de la verdadera solidaridad social y de la cultura del encuentro”.

Capítulo séptimo: La pastoral de los jóvenes

Ante nuevas realidades se imponen nuevas formas de trabajo pastoral. En opinión del Papa Francisco “mientras los adultos suelen preocuparse por tener todo planificado, con reuniones periódicas y horarios fijos, hoy la mayoría de los jóvenes difícilmente se siente atraída por esos esquemas pastorales. La pastoral juvenil necesita adquirir otra flexibilidad, y convocar a los jóvenes a eventos, a acontecimientos que cada tanto les ofrezcan un lugar donde no sólo reciban una formación, sino que también les permitan compartir la vida, celebrar, cantar, escuchar testimonios reales y experimentar el encuentro comunitario con el Dios vivo”.

Capítulo octavo: La vocación y capítulo noveno: El discernimiento

En el apartado 253, el Papa define la vocación “entendida en el sentido preciso del llamado al servicio misionero de los demás. Somos llamados por el Señor a participar en su obra creadora, prestando nuestro aporte al bien común a partir de las capacidades que recibimos”, porque “nuestra vida en la tierra alcanza su plenitud cuando se convierte en ofrenda”.

Por esa razón el discernimiento debe plantearse varias preguntas que “tienen que situarse no tanto en relación con uno mismo y sus inclinaciones, sino con los otros, frente a ellos, de manera que el discernimiento plantee la propia vida en referencia a los demás”. Así con espacios de acompañamiento y tiempos de silencio, que no significan aislamiento, el joven podrá encontrar la misión que Dios le encomienda; ya sea en la vida sacerdotal, religiosa o matrimonial. La vocación parte siempre de una profunda amistad con Dios.

Y al final… un deseo

En el último punto de la carta, el Santo Padre deja un mensaje especial: “Queridos jóvenes, seré feliz viéndolos correr más rápido que los lentos y temerosos. Corran «atraídos por ese Rostro tan amado, que adoramos en la Sagrada Eucaristía y reconocemos en la carne del hermano sufriente. El Espíritu Santo los empuje en esta carrera hacia adelante. La Iglesia necesita su entusiasmo, sus intuiciones, su fe. ¡Nos hacen falta! Y cuando lleguen donde nosotros todavía no hemos llegado, tengan paciencia para esperarnos».

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