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Card. Sturla: “El Amor vence al odio”

Misa del Domingo de Resurrección en la Catedral Metropolitana
Homilía durante la Misa de Domingo de Resurrección/ Fuente: Clara Planelles

El 1° de abril, en la Catedral Metropolitana, se celebró la Misa de Domingo de Resurrección. La Eucaristía, presidida por el cardenal Daniel Sturla, acompañado por el párroco de la Iglesia Matriz, el padre Juan González, y por centenares de fieles, muchos de ellos extranjeros, que siguieron atentamente la celebración. Un matiz especial en esta Misa fue la animación del ensemble vocal e instrumental De Profundis.

En la Misa de Domingo de Resurrección el ritual incluye el canto, o la lectura en este caso, de la secuencia pascual; un antiguo himno poético litúrgico, tal vez del siglo XI. La lectura de esta secuencia se realiza entre la segunda lectura y el canto del Aleluya.

La Catedral estuvo colmada de fieles/ Fuente: Clara Planelles

“Vale la pena vivir”

Para comenzar la homilía, el cardenal Daniel Sturla compartió un chiste que provocó la risa de los presentes. Explicó que “se dice ‘Felices Pascuas’ cuando uno está sonriente, feliz, contento, porque la Pascua es una explosión de alegría”. Agregó que “ni el mal, ni el pecado, ni la muerte tienen la última palabra de la historia, es Cristo Resucitado quien la tiene”.

El obispo de Montevideo prosiguió diciendo que “la fe cristiana sostiene el mundo, en la esperanza de la victoria de Cristo, en la certeza de que más allá de las apariencias el amor vence al odio”. Mencionó, como en la Vigilia Pascual, un hecho ocurrido hace pocos días, en el que la novia de un policía asesinado en Quebracho escribió una carta donde habló de Jesús, el perdón y vencer al odio con amor. “Quizás esta persona no ha conocido a Cristo”, escribió la mujer. “Hay una superación del mal por el amor”, dijo el obispo.

Más adelante, el prelado explicó porque la resurrección de Jesús es fundamental para nosotros; “Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, resucita con su cuerpo glorificado, y en Él todos resucitamos, y confiamos que un día también será nuestra la gloria de Cristo”. Dijo que más allá que la vida puede tener momentos y aristas complicadas, también es “bella, hermosa”, y sería bueno que esto “se lo supiésemos transmitir a nuestros niños, adolescentes y jóvenes”. “Vale la pena vivir, más allá de las dificultades del camino”, añadió.

Rito de la aspersión/ Fuente: Clara Planelles

El fruto dulce que nace de Cristo

El cardenal Daniel Sturla llamó a dejarse sanar por Dios, “cuando el cristiano pone sobre el pecado el perdón de Dios, en las angustias y heridas el ungüento de Cristo Resucitado, el amor, entonces sabe que de todo dolor puede brotar un fruto dulce. Ese es el fruto de la paz”.

Luego, el arzobispo de Montevideo reflexionó sobre la segunda lectura, de la Carta de san Pablo a los Corintios, “Cristo es el nuevo cordero, inmaculado y santo, da su vida y la entrega en la cruz por nuestra salvación, cargando sobre Él todos nuestros pecados”. Agregó que por más que el pecado sea grande Jesús es capaz de purificarnos, perdonarnos.

Siguiendo, el prelado recordó la celebración judía de la Pascua y explicó la tradición del Pueblo de Dios que se despoja de la levadura vieja para, como dice san Pablo, dar paso “a los panes sin levadura de la pureza y la verdad”. Llamó a los presentes a preguntarse “¿cuáles son las cosas en mi corazón que están ancladas y que pertenecen al hombre viejo?, ¿cuáles son los rencores que guardo en mi corazón y que tengo que sacar fuera?”. Y agregó “sabemos que no es fácil perdonar, pero es el único camino. Hay que pedirle a Dios que nos ayude al perdón”.

Finalmente, el cardenal Daniel Sturla llamó a cambiar las cosas en nuestro hacer cotidiano, sin esperar más, “quiera Dios que podamos vivir estas Pascuas como una renovación en nuestras vidas”.

De Profundis se encargó de la animación musical/ Fuente: Clara Planelles

Tiempo pascual

Luego de la homilía, los presentes en la celebración renovaron las promesas bautismales. Una vez terminada la renovación de promesas, el cardenal Daniel Sturla llevó adelante el rito de la aspersión con agua bendita a todos los fieles reunidos en la Catedral.

Para terminar la Misa, luego de la bendición final y el canto a la Virgen, el ensemble De Profundis entonó la obra El Mesías, de Georg Friedrich Händel. El tiempo pascual continúa hasta la fiesta de Pentecostés, que celebra la venida del Espíritu Santo, cincuenta días después de la Pascua.

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