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Por amor a María miles subieron al Verdún

Peregrinos de todo el país fueron a Minas para saludar a la Madre
Sara y Hugo, residentes de Minas /C. Bellocq

Descalzos, con bastones, con vestidos de quinceañera, con niños en brazos, con bicicletas, con coches de bebés; con flores, con velas, con rosarios; rezando, cantando, en silencio: así subieron miles y miles de personas el cerro del Verdún el pasado miércoles para saludar a la Virgen en su día.

La imagen de María fue colocada en 1901 y luego se fijó su fecha -19 de abril- en coincidencia con el desembarco de los 33 orientales, que al llegar a la Banda Oriental se pusieron bajo el patrocinio de la Virgen María. La Conferencia Episcopal del Uruguay estima que en esta fecha unas 80.000 personas visitan el Santuario todos los años. Este 2017, además, coincide con un Año Mariano en la diócesis de Minas.

Una de las cosas que más impresionan en el ascenso de 360 metros es la variedad de personas. Y muhos de ellos van descalzos en un suelo de piedras y tierra. “Son promesas que uno hace, claro que vale la pena subir así”, contesta Javier, que es de Montevideo y “toda la vida” fue al Verdún. Es chofer de ómnibus de larga distancia y nunca le pasó nada a él ni a sus pasajeros, motivo suficiente para agradecer a la Virgen.

El agradecimiento a la Madre es sin dudas uno de los principales motivos para visitarla. Hugo y Sara vivieron en Maldonado, Montevideo y ahora están en Minas. Hace unos años él sufrió un accidente y estuvo muy grave, pero ahora todo va bien y sólo queda corresponder. “¡Desde mi casa veo a la Virgen!”, dice él con brillo en los ojos. Tejió unas hojas de palmera y se las regaló al Obispo de Minas, Mons. Jaime Fuentes, y a la parroquia.

Miguel Ángel, de 84 años /C. Bellocq Miguel Ángel, de 84 años /C. Bellocq

Miguel Ángel, de 84 años, operado del corazón y con marcapasos, se reía en la cima del cerro. “Estoy enfermo del corazón pero igual vengo, quiero mucho a Dios y a María”, contó simpático.

El día había amanecido con el cielo gris y a mediodía comenzó a llover. En el templete de la Virgen, recientemente restaurado, soplaba el viento con intensidad y la gente no tenía donde resguardarse. Pero nunca se interrumpió el flujo de peregrinos que se acercaban a tocar la losa donde dice “Ave María”, a encender una vela o a depositar una ofrenda.

Richard, vestido con campera reflectiva, llegó con su bicicleta al costado. Empapado, viajó desde La Floresta, cuatro horas de ida y otras tantas de vuelta. Tenía una hoja escrita y quería saber dónde depositarla. “Como soy el único que pude venir, los demás del barrio me dieron un papel con intenciones para que le deje a la Virgen”, relató. No le preocupaba la perspectiva de volver bajo lluvia ni el cansancio. De hecho, no era la primera vez que hacía el viaje desde su ciudad.

Otros que soportaron los vientos fueron Gabriela y Sebastián, un matrimonio joven de Sarandí del Yí que tenía en brazos a su hijo de 2 años y nueve meses. Sin dudas les supuso esfuerzo cargar al pequeño cerro arriba, pero lo hicieron para cumplir una promesa que justamente se trataba de él.

Aylén, de vestido blanco y plataformas de unos siete centímetros de alto, también saludó a la Virgen bajo lluvia. En su caso, la promesa era que todo saliera bien el día de su fiesta. “La Virgen siempre ha cumplido y por eso siempre venimos”, contó la joven de Pando, que estaba acompañada por sus padres y hermanos.

Los hermanos agradecen un hecho ocurrido hace dos años /C. Bellocq Los hermanos agradecen un hecho ocurrido hace dos años /C. Bellocq

Dos jóvenes relataron que la ida al Verdún es también un paseo de hermanos para ellos. Hace unos años viajaban por la ruta cuando su madre, que iba en otro auto, tuvo un accidente. Justo pasaban por el cerro y le pidieron a la Virgen poder llegar bien a destino y que todo saliera bien. Llegaron, su madre se recuperó y desde entonces agradecen año a año el favor.

El Obispo de Minas estaba especialmente feliz. “Me emociona el hecho de que vengan muchas familias. Y quinceañeras, y gente que viene a cumplir promesas. Aquí la gente no sabe nada de laicidad o laicismo, esto es el pueblo uruguayo”, declaró, en atención al debate que se está dando en la sociedad. “Aquí vivimos con naturalidad lo sobrenatural”, agregó. Además, este año coincide con que en la diócesis de Minas (que comprende al departamento de Lavalleja, Aiguá en Maldonado y Lascano en Rocha) este es un Año Mariano.

Durante la jornada acompañaron a los peregrinos las hermanas de las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y de María, que hace unos meses llegaron al país para centrar su labor en el cerro del Verdún. La hermana Emma, de Nicaragua, confesó que no esperaba tanta concurrencia. “La gente se deja llevar por lo que siente en el alma. Tal vez no tienen formación pero se mueven por el amor innato a la Madre. Capaz que no saben las oraciones básicas, pero tienen amor a María”, contó emocionada.

Muchos padres llevaron a sus hijos en brazos /C. Bellocq Muchos padres llevaron a sus hijos en brazos /C. Bellocq

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